Somos un verdadero desastre. Sin vueltas ni rodeos. Eligiendo hablar con el mismo vocabulario que todos futbolero de ley utilizaría para referirse al rendimiento tan pobre que viene mostrando River Plate desde hace tiempo. Nadie debe horrorizarse por esta expresión ni mucho menos enojarse. Las cosas son como son y punto. “Desastre” es la palabra que mejor describe la actualidad de este equipo dirigido por Eduardo Coudet. Intentaré no convertirme en un youtuber puteador y mantener mi perfil periodístico, pero sinceramente no encuentro una que sea más precisa, descriptiva y certera que “desastre” para explicar este momento negativo que no tiene antecedentes a lo largo de la historia. Un cero en todo. Esa es la calificación para este inicio de Campeonato. Cero triunfos, cero empates, cero goles y cero puntos. Verdaderamente insolito. Podríamos agregar cero en juego y en actitud. También cero en ideas y creatividad. Y la lista de los ceros que definen a River es extensa, pero vamos ponerle un piadoso punto final y no hacerla más larga. Mejor analicemos en profundidad lo que vemos…

¿River tocó fondo?

Es realmente preocupante y alarmante este presente que transitamos. No le veo un sólo aspecto positivo. Nada de lo que muestra este equipo, partido tras partido, me gusta o me permite ilusionar. Busco y busco, pero no encuentro nada para poder elogiar o al menos destacar. River no juega a nada, y lo que es más grave, no se sabe a qué pretende jugar. Los esquemas del entrenador no se entienden. Aportan mas confusión que soluciones. Lo mismo sucede con las posiciones y los roles de los futbolistas dentro de la cancha. ¿De qué jugo Gonzalo Montiel? ¿Por qué el intercambio de posición en los centrales? ¿Joaquín Freitas es volante por derecha o delantero? ¿Desde cuándo Tomas Galván es extremo izquierdo? Si está claro que Ángel Correa no es enganche ni un 10 clásico, ¿por qué no juega de punta acompañando al 9? Preguntas y más preguntas a las cuales no le podemos encontrar una sola respuesta que nos pueda convencer. Todo nos genera más dudas y en cada partido que se disputa, River empeora un poco mas su fuerte imagen negativa.

River volvió a perder y sigue en caída libre.

No hay roles asignados ni funciones futbolísticas específicas. Todos juegan a lo que salga. Conducen los centrales. Corren para atrás los delanteros. Se reparten los costados de la mitad de cancha sin establecer una postura fuerte en la zona central. Algunos presionan, otros esperan. Nadie se asocia ni se acerca para jugar con un compañero. Todo es forzado. El sacrificio se impone sobre la inteligencia. El apuro le gana a la pausa. Los errores a los aciertos. River es un equipo voluntarioso, pero sin criterio ni estilo. No elabora y no es profundo en sus ataques. Le cuesta pisar el área y también rematar desde afuera. Cuando intenta empujar se regala en el fondo. Es ingenuo. Cae en todas las trampas defensivas que su rival le propone. Carece de gambetas y circulación veloz. Tiene dificultad para jugar hacia adelante y hace del pase atrás su acción más reiterada. De todo esto nos damos cuenta nosotros, pero no quienes toman decisiones. Coudet cambia para no cambiar nada. Los equipos que inician no le responden y sigue mostrando una corta lectura de partido para meter mano a tiempo y mejorar con las modificaciones.

¿Y los jugadores? Coudet no es el único responsable

No solo es del DT la responsabilidad de este opaco funcionamiento. Hasta ahora el compromiso y la rebeldía de los jugadores brillan por su ausencia. Dentro del campo de juego, ninguno se hace cargo del equipo. Nadie se anima a intentar algo distinto. Aburre el pase al pie del compañero más cercano. No hay uno que meta un cambio de frente que sorprenda o que pueda filtrar un pase entre líneas. Es triste ver a jugadores tan tímidos vistiendo esta camiseta. Temen perderla y por eso no arriesgan. Eso es cobardía futbolística. En River no es valiente el que corre, mete y se tira al piso. En este club el coraje se muestra pidiendo la pelota y yendo para adelante. Haciendo lo diferente. Ninguna individualidad hoy es capaz de rescatar al equipo de un mal partido. Muchos de ellos son nuevos, otros ya vienen de temporadas pasadas. Todos deben unirse para formar rápido un grupo sano y fuerte. Los antecedentes recientes demuestran que Martin Demichelis se fue por un corto circuito con el plantel y que Marcelo Gallardo tomó la decisión de irse al notar comportamientos grupales que le hicieron entender que no iba a poder revertir la historia. Además de los malos resultados ambas salidas se dieron en un contexto de vestuario complicado. Ahora parece que hacia el mismo final va el ciclo Coudet. Estoy convencido que el problema es solo futbolístico, pero si el rumor instalado de que hay jugadores molestos por la separación de un grupo de compañeros es real, entonces estamos en problemas. De ser así, deberán cambiar rápido el chip y entender que en River los que sirven juegan y los que no son marginados. De la actitud de cada uno dependerá permanecer adentro o ver todo desde afuera en un futuro no tan lejano.

Todo lo mencionado no debe tapar una realidad que ya es evidente y sistemática. El equipo es un asco, pero lo de la AFA también lo es. Todos los partidos lo mismo. Desde las chiquitas (¡que paradoja!) hasta los fallos graves. River viene sufriendo arbitrajes espantosos que le hacen la vida deportiva muy difícil. Ya no disimulan nada. Les importa muy poco el enojo de la gente. Los insultos del Monumental. Se creen impunes y por eso llevan adelante su tarea. Con Tigre no vieron un claro penal contra Ángel Correa, tampoco observaron el que le cometieron a Lautaro Pereyra en la primera fecha con Barracas. En La Plata decidieron mirar para un costado cuando el pisotón sufrido por Mauro Arambarri o la plancha de Nacho Fernández a Montiel merecían algo más que tarjeta amarilla. En la noche ante Rosario Central no vieron que Rafael Borre se iba solo hacia el gol, ni que el defensor que lo voltea era último hombre y debió ser expulsado. Son una tras otra. Y esto no es todo. Se suma a la no expulsión de Lucas Paserini en la final con Belgrano donde el local quedaba con 10 perdiendo 2 a 1. También el gol en offside de Aldosivi en la noche de la Copa Argentina y ni hablar de aquel penal de Lautaro Blanco a Martínez Quarta en el superclásico que por estas horas hasta el propio Claudio Ubeda reconoció que no lo quisieron cobrar. Nosotros nos hacemos cargo de nuestro pésimo momento, pero si de afuera viene el empujon en todos los partidos será mucho mas difícil. Sabemos que quienes manejan todo dentro de la estructura del futbol argentino son confesos hinchas de Boca. Y está claro que ningún hincha de Boca quiere que a River le vaya bien. Habrá que encontrar la manera de hacerles notar que con River no se jode. Nico Otamendi ya empezó hablar y me encanta, sería bueno que el flamante capitán de River identifique el problema con nombre y apellido. Espalda para eso tiene de sobra. Fotos y asados con esta gente también.

Debutaron Tobías Andrada y Francisco Ortega. Está viajando al país Thiago Almada. Finalmente el plantel competitivo se armó. Ahora es fundamental armar el equipo. River tendrá en esta temporada jugadores importantes para jugar mejor y ganar. No habrá excusas válidas para nuevos fracasos. Desde el sentido común y el razonamiento logico, debería entender y decir que hace falta tiempo. Que es necesario tener paciencia para sumar semanas de entrenamientos y conocimientos ante la llegada de tantos jugadores nuevos. La lógica indica que todo proceso de renovación no se hace realidad de un día para otro y que el DT debe trabajar tranquilo para acoplar los refuerzos. El problema es que la razón tiene atributos que el corazón y la pasión nunca entenderán. Y no tenemos en claro a quien hacerle caso. Desde ese foco emocional y la exigencia de River los tiempos son otros. Los plazos se acortan y el crédito se acaba rápidamente. Hay un feo olor a fin de ciclo. Por eso mismo habrá que ir a Colombia el miércoles y pisar fuerte para acomodar las cosas. No hay otra manera. El torneo anual y la clasificación a la Libertadores 2027 parecen estar seriamente en riesgo. Hay que ganar la Copa Sudamericana. Prohibido tropezar en ese certamen. Una eliminación ante Independiente Santa Fe decretará la salida de Coudet de River. Lo decimos con dolor porque al Chacho lo queremos y recordamos con admiración su paso como jugador. Lamentablemente si esto no mejora y sigue sin funcionar deberá asumir la responsabilidad y dar un paso al costado. Coudet sabe que no puede seguir perdiendo. Él está convencido que puede darlo vuelta y yo de corazón deseo que así suceda.