El domingo 30 de agosto del 2026 quedará marcado como un día muy especial en la exitosísima carrera de Leonardo Ponzio, quien a todo su camino lleno de gloria por River y de todo tipo de momentos en el club se le sumó esta nueva experiencia como DT para ponerle el hombro a una crisis futbolística muy delicada que se arrastró a lo largo de todo el año. Y más allá del buen triunfo ante Banfield lo más rescatable de su debut pasó por su toma de decisiones, tanto en la previa como en el durante.

River venía siendo un equipo de pocas conexiones y de nulas asociaciones en general del medio para adelante. De mucho barullo y de casi nulas ideas. Sin embargo en el partido ante el Taladro empezó a florecer una formación primeramente llena de sentido común a la hora del parado en cancha. Con laterales que se proyectaban en tiempo y forma, con un solo 5 de marca como manda el grueso de nuestra historia, con volantes de recorrido e ida y vuelta por los costados, con un Thiago Almada liberado para los movimientos jugando suelto y sin la necesidad de recibir cerca del lateral izquierdo, y un Correa también con libertades pero siempre recibiendo cerca del área que es donde más lastima.

Ni más ni menos que la fortaleza de lo simple. Un bien tan preciado en el fútbol y un antídoto eficaz como pocos sobre todo para revertir malos momentos, pero muchas veces tan difícil de conseguir. Y todo se facilita cuando la calidad brota por todos los poros. Porque Almada es un futbolista que se muestra cada día más parejo y completo, aunque recién nos está mostrando parte de su repertorio y todavía es capaz de soltarse mucho más, sobre todo teniendo adelante suyo a todos futbolistas de elite y de gran pie.

Porque Correa es un crack que participó en todas las jugadas de los goles de River en el torneo y también en el único gol que hicimos en la Sudamericana, y la 10 le queda pintada para su estilo y su impronta. Porque Almada pese a que recién solamente mostró destellos genera por inercia situaciones de gol encontrando espacios mientras encara y le pega al arco. Y porque Driussi estando sano puede casi que garantizar un gol por partido, o de mínima tres situaciones de gol claras generadas por sí mismo.

Y porque definitivamente en Banfield vimos de una vez por todas sociedades. Que en solo 45 minutos se hayan dado cinco paredes en velocidad hacia adelante donde una de ellas terminó con el golazo de Driussi no fue casualidad, sino causalidad. Aparecieron los pases hacia adelante como premisa y no tanto los pases hacia atrás. Y la movilidad consciente. Y los cambios lógicos en el segundo tiempo puesto por puesto, sin que nadie entre a cumplir funciones raras pese a que el cansancio se había hecho dueño de las piernas del equipo.

Por supuesto que las desatenciones defensivas siguen siendo un alerta roja y la sensación latente de ser un equipo de mandíbula fácil va a ser difícil de desterrar, sobre todo hasta no agarrar la confianza de ganar varios partidos seguidos o de por lo menos encontrar demostraciones de solidez en momentos calientes, que es donde venimos flaqueando desde tiempos inmemorables. Eso no se consigue de la noche a la mañana, sobre todo cuando se trata de un equipo que en los últimos años nos ha llenado los ojos de inseguridades y papelones. Por lo que ese daño colateral seguirá por un tiempo más retumbando no solo en la cabeza y el corazón del hincha sino también en el de los futbolistas. De a poco habrá que sacarse el karma mental, pero para eso deberá correr bastante agua bajo el puente mediante victorias y buen funcionamiento.

Ponzio feliz en su debut junto a Escudero y Barovero (Diego Haliasz / LPM)

En definitiva Leonardo Ponzio en su debut siguió el ritmo de sus iniciales y fue “Lógica Pura”, y eso se celebra (con mucha cautela) porque estamos enmarañados todavía en un contexto deportivo de River tan sombrío que estuvo inundado por las decisiones con tan poco criterio y sentido común de los últimos tiempos. Está claro que el camino es por acá, y que la semilla se plantó bien. Ahora el árbol deberá empezar a crecer sin excusas porque la materia prima aparece de sobra, y hay motivos por todos lados para que este River empiece a volar bien alto.

Hay que pelear el campeonato hasta el final porque la historia lo manda y también porque este plantel puede hacerlo, y para tapar aunque sea un poco de la vergüenza de lo que significó el hecho de pisar septiembre y tener una sola competencia por delante. Pasitos cortos pero firmes, pero sobre todo que sean llevados adelante con el mismo criterio y la misma idea. La llave de salida a los grandes problemas siempre se encuentra en la sencillez y el sentido común, y el León entendió ese primer mensaje a la perfección.