Un peor comienzo de campeonato no podíamos imaginar. Es como si el papelón en Salta la semana pasada ante Aldosivi no hubiese alcanzado para tocar fondo. Esta triste realidad nos hace pensar que siempre se puede caer un poco mas bajo. El debut era el momento perfecto para reaccionar. Nada de eso sucedió y River prolongó esa fea derrota por Copa Argentina en este inicio de torneo jugando como local ante Barracas. Sí, perdimos contra Barracas Central en el Monumental. Insolito por donde se lo quiera mirar o entender.
Hay derrotas que duelen por el resultado, pero hay otras que encienden las alarmas por el vacío que dejan en la cancha. Lo que se vió anoche frente al equipo de Claudio Tapia (¡que penal no nos dieron!) no fue simplemente un tropiezo inesperado en la primera fecha del torneo. Fue la confirmación de un diagnóstico que vamos a observando partido a partido y que nos genera mucha preocupacion. River Plate es un equipo desorientado y sin brújula futbolística. Juega mal, no tiene ideas y carece por completo de un criterio adecuado cada vez que maneja la pelota. El estilo elegido por Eduardo Coudet en esta etapa empieza a mostrar grietas conceptuales profundas. El DT armó, diagramó y diseñó un equipo voluntarioso y sacrificado, que pretende ser intenso y donde todos corren, pero absolutamente nadie juega. Se prioriza el despliegue físico por encima del talento. Hoy River es una banda de futbolistas aturdidos corriendo detrás de la pelota, pero sin un sólo conductor dentro del campo que los guíe. Falta ese tipo que detenga el tiempo, que juegue y haga jugar a sus compañeros, que lea por dónde pasa el desarrollo del partido y entienda cuándo acelerar o cuándo pausar. Ese que meta un pase entre lineas para dejar a un compañero mano a mano con el arquero. A River le falta lo que a lo largo de su rica historia siempre tuvo: fútbol. Así de simple y desgarrador. Ese estilo que nos identifica y representa brilla por su ausencia en los sistemas e ideas preparadas por el Chacho.
La derrota no es un hecho aislado. Viene encadenada al flojisimo nivel que River ofrece desde un largo tiempo. Son 2 años de acumular varias decepciónes. Y en un momento de renovación e inicio, este equjpo sale a la cancha y entrega su versión más pálida e impotente. Fundamentalmente en ataque. La ofensiva sigue siendo la faceta del equipo mas debil y previsible. En la desesperación por modificar esto, Coudet en el segundo tiempo terminó recurriendo a los manotazos de ahogado. A romper con su planificación e idea madre para apostar a lo que nunca trabajó. Metió cuatro delanteros juntos en la cancha. Una acumulación de nombres y posiciones que solo generó tumulto. Futbolistas agrupados, chocadores, librados a su suerte y sin nadie por detrás capaz de generar juego o llevar la pelota con limpieza. Jamás existió una idea clara sobre cómo romper la resistencia defensiva de Barracas. Como muestra de esa improvisación y desconcierto, mandó a la cancha a Angel Correa, un jugador que arribó al país hace pocas horas y del aeropuerto saltó al verde cesped sin escalas. No importó no haber realizado ni una sola práctica con sus nuevos compañeros. Coudet viendo que la cosa no funcionaba, depósito sobre la individualidad del ex hombre de la Selección Argentina, la frágil esperanza de conseguir el empate y asi el refuerzo estrella de River debió debutar en medio de un escenario inadecuado.
El caso Quintero
Todo este panorama de anemia futbolística se vuelve aún más delicado tras la fuerte e incomprensible decisión de marginar y no tener en cuenta a un futbolista con el talento y la jerarquía de Juan Fernando Quintero. En este tema quiero detenerme para expresar mi pensamiento lo más claro posible. El colombiano no puede imponer su voluntad y actuar como le parece teniendo contrato vigente con el club. No corresponde ponerse por encima de sus compañeros y mucho menos de la camiseta. Si su deseo era irse, debió expresarlo y si queria continuar debió actuar diferente. Su actitud de extender las vacaciones no van de la mano con las necesidades y urgencias de River. Aclarado esto, también digo que no se puede destratar tanto al futbolista mas talentoso que tenemos dentro de este panorama lleno de incertidumbres, solo porque no corre como pretende el entrenador. En River no todo es esfuerzo y sacrificio. El cerebro y la técnica deben tener siempre su lugar importante. Es mas determinante lo que se haga con una pelota que los datos que arroje un GPS.
El DT no quería a Quinteros y el 10 no se sentía cómodo en este contexto. Luego de ser el salvador frente a San Lorenzo, no volvió a pisar la cancha en ningún cruce de playoffs. Disputó 90 minutos de un partido poco trascendente por Sudamericana en una formación integrada por suplentes durante la semana previa al choque con Belgrano. Y en esa final fue utilizado apenas 5 minutos cuando todo terminaba y River ya perdia 3 a 2. Prescindir de este estilo de jugadores cuando no tenes otro parecido me suena a error grave. Por supuesto que el DT tiene derecho de decidir quienes juegan y la manera de hacerlo. Lo raro es que alguien no le guste como juega Quintero. De ser así hubiese sido conveniente ir de frente, sumarlo a esa lista de marginados y hacerse cargó de la decisión. El temor al rechazo popular fue grande y por eso la excusa del Mundial postergó este triste y desprolijo final que pudo haberse manejado de otra manera tanto del lado del club, como del DT y del jugador. En un equipo sediento de claridad, dejar de lado a quien mejor entiende el juego resulta un lujo que este River, evidentemente, no se puede dar. Hay un montón de cosas que no terminan de funcionar y el margen de error empieza a achicarse. River perdió el norte, perdió la pelota y lo que es peor, parece haber perdido la identidad. Si el entrenador no recalibra el rumbo y entiende que para ganar no alcanza solo con correr, la crisis no hará más que profundizarse.
Dentro de este panorama debutó Nicolas Otamendi, quien redondeó una buena actuación personal y en apenas 48 horas ya se adueñó de la cinta de capitán. La gente lo ovaciono y confia en él. Tiene ese perfil de líder que deberá marcarle el camino a sus compañeros para que este plantel reaccióne y deje atras cualquier conflicto anímico que pueda estar afectando el rendimiento deportivo. Esto recien comienza y por supuesto que hay crédito abierto. Faltan llegar refuerzos y los que ya lo hicieron deberán acomodarse. Yo sigo confiando en la grandeza de River para imponerse en el ámbito local. No es momento de sacar conclusiones definitivas ni hacer sentencias por apenas dos partidos. Si debe estar claro que para llegar al destino correcto hay que modificar el rumbo y reconciliarse con ese estilo de juego que en este club siempre fue la mejor brújula para encontrar el camino que nos lleve al éxito deseado.
