Estamos con la bronca y amargura lógica por una nueva derrota jugando de local que representa un retroceso, o al menos una interrupción, si tomamos en cuenta la racha positiva de buenas actuaciones y triunfos que River venía construyendo en el último tiempo y que anoche se cortó frente a Huracan.

Lo primero que me nace escribir es que regalamos tres puntos claves y ganables. No se trata de subestimar a nadie. Sólo de marcar la diferencia de planteles, las realidades recientes y entender el escenario donde se disputó el partido, para llegar a la conclusión que River tiene y debe ganarle a Huracan como algo lógico y natural. Ayer había que sumar de a tres y no pasó. Se complicó lo que debió ser un triunfo previsible. El que la gente concurrió esperanzada de ver y se tuvo que volver a casa sin nada. River dejó pasar una gran chance de seguir engrosando su puntaje en la tabla anual. La que le permite soñar con un titulo y aspirar a clasificar a la Copa Libertadores 2027. También vuelve a poner en riesgo su lugar entre los 8 equipos de la zona que se meterán en la etapa de playoff. La consecuencia de una derrota es proporcional a los beneficios. Si River ganaba se posicionaba de muy buena manera en ambas tablas. Por eso es el gran enojo que sentimos por este resultado. Dejamos pasar una enorme oportunidad y esta derrota nos vuelve arruinar la semana.

No se puede defender tan mal

Lo dije despues de cada victoria conseguida y lo vuelvo a decir ahora que la caída ya es una triste realidad. Para ganar los partidos River deberá hacer 3 o 4 goles porque atrás defiende espantosamente. En todos los partidos que ganó recibió goles y convivió con una sensación de inseguridad permanente. No dejó puntos porque fue efectivo arriba, pero atras siempre quedó en evidencia que es un equipo de mandíbula floja al que atacándolo poco, lo lastiman mucho. Le pasó muchas veces y por eso esto no es nuevo. Ya no sorprende que siempre haya un error de Lucas Martinez Quarta. Tampoco que al equipo lo agarren mal parado y sin saber donde está el 5 como sucedió en el segundo gol. Son acciones aisladas pero recurrentes. Pasan pocas veces por partido, pero pasan en todos los partidos. Es un defecto grave que por ahora sigue sin solución. La defensa no da garantias y el arquero no nos salva como el semestre pasado. Combo muy peligroso para el objetivo de mantener el arco propio en cero y no tener que depender en todos los partidos de generar una goleada en el arco rival.

Especialmente cuando se dan jornadas como las de ayer en la que no le hacemos un gol ni al arcoiris que apareció en el cielo del Monumental durante la previa del partido. Desperdiciamos una decena de situaciones por falencias propias. River no tiene un 9 que asuste ni condicione al rival. Tampoco que sienta el area como su habitat natural. Ni Sebastian Driussi ni Lucas Beltrán logran imponerse en esa zona. Pierden en el roce físico con los defensores y no se muestran como una alternativa fija y válida para terminar la jugada. Son dos delanteros importantes y con muchos atributos, pero ninguno parece sentirse cómodo en la posición de 9.
Además tenemos el peor juego aéreo ofensivo del fútbol argentino. Nadie de este plantel cabecea bien en ataque. El recurso del centro, tan necesario por momentos, suele ser ineficaz ante esta carencia futbolistica. Entonces dependemos de la jugada perfecta o de algun remate espectacular como el que clavó Tomás Galván para vencer la resistencia de ese gran arquero que es Hernán Galindez.

Ponzio dándole indicaciones a Beltrán antes de su ingreso.

Los cambios de Ponzio, bajo la lupa

Es cierto que tampoco ligamos nada. Generamos situaciones, el arquero rival fue figura, ellos nos hicieron 2 goles pateando una sola vez y que nosotros los erramos hasta debajo del arco. Además perdimos rápidamente por lesión a jugadores importantes como Thiago Almada y Tobías Andrada. Sin ellos en la cancha, nos faltó ese circuito interno que venia mostrando y funcionando. Quedó limitada la forma de atacar. Especialmente al evaluar sus reemplazos. Leo Ponzio decidió que ingresen Lucas Beltrán y Mauro Arambarri. River perdía características que no podía recuperar con su banco de suplentes. Beltrán no se parece a Almada y Arambarri tampoco a Andrada. ¿Error del DT o recambio limitado? No había jugadores que pudiesen realizar las mismas tareas y por eso se optó por cambiar de estilo y apuntar a los apellidos de mayor experiencia. No salió bien. Beltrán terminó jugando de enganche y Arambarri sigue sin mostrar cualidades que nos permitan entender su incorporación.

Ángel Correa, el más destacado

El mejor fue Ángel Correa. Una vez más. El 10 hizo todo bien hasta que se fundió físicamente en los últimos minutos. Gambeteó, encaró, enganchó, asistió y hasta pateó los tiros libres. Mostró su habitual repertorio pero le faltó mejor compañía. No puede hacer todo solo. Extraño a su socio Almada. Nadie, a excepción de las trepadas ofensivas de Gonzalo Montiel, pudo ser el complemento que lo acompañe en el armado de la jugada o el que saque provecho en los metros finales a su permanentemente desequilibrio. Habrá que prenderle una vela y taparlo todas las noches. Correa sigue siendo para River la gran carta ganadora y el que no puede, ni debe faltar nunca.

Correa fue la figura de River ante Huracán.

Estaremos haciendo cuentas toda la semana. Haremos cálculos matemáticos para ver donde estamos parados y cuáles son nuestras expectativas a futuro luego de estos tres puntos que regalamos y no tenemos. Los fríos números pueden ser crueles. El mal inicio de torneo, que pensamos haber dejado atras, nos volverá a atormentar durante estos días. Da bronca otra vez vivir con esa incertidumbre cuando teníamos todo dado para disfrutar de una semana tranquila. Es cierto que no hay que dramatizar este momento y confiar que la levantada del equipo es real y seguirá dándose las próximas fechas. Acá lo que nos mata es el acumulado. Y si bien es cierto que River ante Huracan hizo meritos para conseguir un mejor resultado, también es verdad que en el fútbol los méritos casi siempre pierden la batalla ante la inteligencia y efectividad. Y a nosotros eso nos viene faltando desde hace un tiempo largo y si queremos cerrar el año con un festejo debemos solucionarlo pronto.