En el tenis se le llama “break point” o punto de quiebre cuando el jugador está a un punto de perder su saque, lo que en la enorme mayoría de los casos es una gran desventaja para el trámite del juego. Y si trazamos un paralelismo entre los deportes, Coudet está transitando por su primer gran break point en contra desde su llegada a River.
El inicio de su game de saque ya había arrancado torcido en la final de Córdoba, donde el golpe fue durísimo por las formas y las distracciones del cierre del partido, aunque hayamos visto un River que en líneas generales supo competir no solo aquella tarde fatídica ante Belgrano sino a lo largo de esos playoffs. Pero la horrenda señal que dio el equipo el viernes en Salta frente a Aldosivi dejó la estantería en movimiento y a la estrictura futbolística plantada totalmente en posición de jaque en contra.
Porque no solo fue el peor partido del ciclo Coudet sino además que la actitud por primera vez se asimiló fuertemente a la que ocurrió en otros grandes papelones de los últimos años, de los cuales los hinchas estamos realmente podridos de atravesar hasta el punto de no saber dónde se encuentra el punto final del abismo.
Y lo preocupante además de lo visto en Salta fue que por diferentes circunstancias no se vio un equipo demasiado diferente en nombres propios a lo del final del semestre pasado, y si bien es cierto que mayoritariamente se dio por las circunstancias de tener a varios en el Mundial o de vacaciones también hubo decisión primordial del DT de priorizar apellidos que ya vienen rindiendo muy flojo desde hace mucho en lugar de acudir por lo menos en la emergencia a los pibes que siempre han mostrado una mejor faceta, como los casos de Freitas, Silva y Facundo González. E incluso se notó que cuando entró Lautaro Pereyra las energías eran otras y hasta fue el mejor de los nuestros desde el fútbol y la cabeza con solo tres partidos en Primera.
Sumado a eso todavía River navega en un mercado de pases donde hubo muchas trabas y situaciones muy particulares. Por un lado algunos refuerzos que han llegado y han dejado una muy mala primera imagen. Por el otro con la novela eterna por Correa que sigue sin destrabarse más allá que hay optimismo de todas las partes. La llegada de Ángel sería un gran salto de calidad para el equipo, pero cada día que falta el reloj juega en contra y los partidos pasan, y la dirigencia no puede permitirse que se le escape de las manos.
Por otra parte la incertidumbre del caso Juanfer, un tipo que en este contexto futbolístico del equipo es necesario por dónde se lo mire porque casi nadie arma fútbol. Y a la vez está latente la cuestión de los borrados que entrenan en el predio Cantilo, de la que Coudet se despegó totalmente de lo sucedido y le tiró todo el fardo a la dirigencia, sumando un peldaño más de polémica en un contexto deportivo donde cada frase fuerte se puede convertir en explosiva.
Segundo semestre definitorio para Coudet
A partir de todas estas circunstancias el Chacho se jugará un segundo semestre decisivo por donde se lo mire, ya con dos chances perdidas de jugar la próxima Libertadores y sin margen de error en lo numérico para poder clasificar por tabla anual si no se consiguen los dos títulos que estarán en juego hasta diciembre. Sabiendo además que ya se perdió un Superclásico de local, una final sobre la hora y hubo una eliminación calificada con mucha razón por él mismo como papelón. Es mucho para tan pocos meses.
En los últimos 3 años futbolísticos de River los papelones se han multiplicado a niveles exponenciales, y las señales de últimos avisos nunca fueron correspondidas. Hoy la alarma de alerta está otra vez en rojo, y es momento que el Chacho pueda acomodarse de una vez por todas para enderezar el barco con un equipo nuevo, confiable y que reúna todo lo que él pretende y lo que el club y los hinchas necesitamos. Identificación, un estilo vistoso y efectivo, y de una vez por todas un plantel que esté a la altura del escudo y deje de flaquear en los momentos difíciles.
Estamos break point en contra. Todavía nos queda una bala para reaccionar antes que llegue el match point y nos deje nuevamente sin aire. Es momento que de una vez por todas reaccionemos y rescatemos al paciente River Plate de esta situación saludable tan delicada.
