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De la Dársena Sur a "La Siberia de Núñez"

De la Dársena Sur a "La Siberia de Núñez"

De la Dársena Sur a "La Siberia de Núñez"

POR PNOGUEIRA

Desde el nacimiento en el barrio de La Boca hasta la construcción del Monumental, River Plate transitó por diferentes canchas, siempre con el objetivo del progreso y de la consolidación del club. El 26 de mayo de 1938 se cumplió un sueño de más de 30 años. Pocos se imaginaban los chicos de La Rosales y Santa Rosa que un buen día pensaron en fusionarse para ser un equipo más fuerte al que denominaron “River Plate”, lo que iba a significar ese hecho en millones de argentinos desparramados por todo el territorio y el planeta.


El derrotero riverplatense desde sus orígenes boquenses y darseneros hasta su definitiva consolidación como institución con la apertura del gran Monumental fue de enorme sacrificio y de grandes sinsabores. No fueron fáciles las mudanzas, las pérdidas de identidad, el sacrificio de socios e hinchas que tuvieron que viajar mucho para seguir al equipo de sus amores, aquel que desde 1905 ya competía en torneos oficiales.


La Dársena Sur fue la sede del primer reducto, de donde el club se tuvo que ir en 1907 para jugar en Sarandí, pero ese pequeño exilio fue apenas de un año, pues ya en 1908, el club regresó al barrio y de la mejor manera: logrando el ascenso a la Primera Liga vapuleando a Racing en la final. El primer gran título, la Copa Competencia de 1914 se obtuvo en plena obra de lo que iba a ser el gran estadio en el barrio de la Boca, inaugurado un año después en la manzana de Aristóbulo del Valle, Pinzón, Caboto y Pedro de Mendoza, terreno perteneciente a la familia Mihanovich.


La partida a Alvear y Tagle en 1923 a la copetuda Recoleta no fue una decisión fácil, ya que se abandonó el barrio de siempre, en el que estaba la mayoría de los hinchas. ¿Por qué River se va de La Boca? No hubo ningún motivo concreto, ni tampoco obedeció a incompatibilidad alguna con el rival de la zona, Boca Juniors. Ni ellos echaron a River del barrio, como de manera ignorante algunos sostienen, ni los entonces tricolores menospreciaron sus orígenes.


Había que dejar el terreno Aristóbulo del Valle y Caboto por cuestiones económicas y surgió la posibilidad de irse por un tiempo a la coqueta zona de Alvear y Tagle en donde River creció en su faceta social y polideportiva en un principio, y futbolística desde la instauración del profesionalismo y la llegada de Bernabé Ferreyra y otras figuras que conquistaron el título de 1932.


Pero el horizonte estaba fijado en el gran objetivo de un campo de deportes propio y de un estadio digno de un equipo que convocaba multitudes y que necesitaba sí o sí la consolidación social definitiva. Y la solución no fue ni una vuelta al barrio como algunos deseaban, ni quedarse en una zona de alto nivel económico. Se pensó en grande y en el futuro y de la mano de Antonio Vespucio Liberti se adquirieron unos terrenos en lo que muchos llamaban despectivamente la “Siberia de Núñez”, en el predio en dónde anteriormente estaba el Hipódromo Nacional cuyas huellas se pueden ver perfectamente en todas las fotos de la época. 


River no se mudó a un barrio elegante y de alto nivel económico como es el que ahora rodea al Monumental. Fue River Plate el que hizo grande al barrio y el que lo hizo crecer y desarrollarse. Nada o casi nada había alrededor de esa mole de cemento que se inauguró oficialmente ese 26 de mayo de 1938, tan sólo la iglesia de Santiago Apóstol sobre la avenida Udaondo emerge en las imágenes de esos años como único testigo privilegiado de la construcción del más hermoso estadio del país.


No hubo mayor acto de justicia ese día de la inauguración del Monumental que el desfile y homenaje de los socios fundadores del club encabezados por el primer presidente, Leopoldo Bard, el gran arquitecto Bernardo Messina y por Enrique Zanni, que estuvo al mando del club en los momentos más difíciles.


En ese primer partido contra Peñarol, a los 30 minutos del primer tiempo, el árbitro Repossi detuvo el juego y en los flamantes parlantes se solicitó un minuto de silencio en memoria de los directivos, atletas y asociados desaparecidos. “En la hora memorable de la inauguración de su grandioso estadio, el Club Atlético River Plate no puede permanecer ajeno al recuerdo de aquellos hombres que en todas las horas contribuyeron a forjar la grandeza material de la institución y que desaparecieron, dejando la estela luminosa de su esfuerzo y sus enseñanzas. Ex presidentes Enrique Salvarezza, Benito Cassanello, José Bacigaluppi, miembros de comisiones directivas y subcomisiones, asociados, adherentes y deportistas activos de todas las épocas, se confunden hoy en el recuerdo de River Plate”.


Tres cuartos de siglo después, el Monumental ha pasado a ser el máximo símbolo de esta pasión y el templo sagrado que congrega multitudes, tal como lo soñaron Liberti, Degrossi y tantos dirigentes que se atrevieron a mudarse hasta “la Siberia de Núñez”. 


Feliz cumpleaños, querido Monumental.


MIRÁ LA NOTA "75 AÑOS ALENTANDO AL MÁS GRANDE"


FOTOS: la historia del Monumental en imágenes.


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