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Juan y José vuelven a ser Jota Jota

Juan y José vuelven a ser Jota Jota

Juan y José vuelven a ser Jota Jota

POR PABLO DESIMONE

Eran uno. Vivieron juntos durante 20 años en River, la farsa de la completud. Eran “Jota Jota” y un día pasaron a ser Juán y José. Eran muy jóvenes, no sabían que la vida se trata de aceptar la incompletud. Sus corazones se partieron tironeados por la pasión, por un lado y la necesidad, por el otro. Entonces, no se supo bien quién era quién. Si fue Juan, más sentimiento que cabeza, o fue José. Lo cierto es que igual que esa maravillosa historia de hermana amistad, que canta Serrat - “Juan y José”- ellos urdieron su desencuentro pero anduvieron siempre extrañándose, como sabiendo el día de su reencuentro.

El martes, después de 27 años, esa ratita morena que a mediados de los 60, llegó de Guernica de la mano de Carlos Palomino, para ser el mejor ocho de la historia de River, volverá a ser “uno mismo”. Durantes todos estos años, su corazón estuvo partido casi como sus dos nombres. Para muchos viejos fiscales de vidas ajenas, “Jota Jota”, intentó conciliar lo irreconciliable. Ser de River y jugar en Boca. Algo bastante común para el contexto de aquel profesionalismo. El jugador era un laburante “privilegiado” y punto. No existían los multimillonarios contratos, ni los sponsors salvadores de hoy en día. Inclusive algunas  “vacas sagradas” del club se le habían anticipado y nunca nadie los cuestionó. Moreno, Pedernera, El “Beto” Menéndez, Di Stéfano habían mudado su impronta millonaria a la Ribera antes que él. Y más acá Barissio o Morete… (Separo a Tapia y a Canniggia, porque estos si eran “boquenses” y además “lo del piquito” ya es otra cosa). Con el fueron despiadados. Pagó casi con el “exilio” aquello de “hay razones del corazón que la razón no entiende”.

Tanto el Beto como el Negro hasta el día de hoy debieron seguir remando y mucho. Y al revés, lo mismo. Acaso Tarantini, Ruggeri, Villita, Berti no dejaron la vida por la Banda. ¿Qué autoridad me asiste para no darle la bienvenida y la posibilidad de su reencuentro? A quién desparramó sangre, sudor y  talento durante once años en la primera de River (1970/1981). Jugador fino, estratega, gambeteador, conductor nato. La llevaba con la derecha y cortaba con zurda con una maestría bochinesca. Jugó 469 partidos oficiales y convirtió 87 goles. Uno de los que más torneos ganó: Metro y Nacional '75, Metro '77, Metro y Nacional '79, Metro '80 (tricampeonato) y  el Nacional '81 con Di Stefano como DT. Alguien que fue integrante del mediocampo más glorioso que tuvo River. Merlo, Jota Jota y Alonso, son a los años 70,  lo que la Máquina fue a los años 40. Próceres que se los recuerda de memoria.

¿Cómo olvidar sus apiladas enormes? Aquel lugarteniente de Mostaza que era técnico en la cancha, para que el Beto dibujara. O, aquel zapatazo que Gatti le descolgó en Avellaneda de mitad de cancha en la final del Nacional del 76. La que repitiera en su último gol y su postrer clásico del 1 de Noviembre del 81. Cruza la linea de cal y le mete un roscazo tremendo de 40 metros o más. La pelota que vuela hasta la red por arriba del arquero. Y el monumental que explota. La “pantera” Rodriguez arrodillado, mirando  el piso de vergüenza y admiración. Quedó juntando margaritas sin animarse a levantar la cabeza, con su tribuna de frente. ¡Qué coincidencia…su primer gol  también había sido contra Boca, más precisamente frente Sanchez en el 71! ¡Qué delicia aquella pegada! .¿Cómo cuando estampó aquel fierrazo  contra la popular visitante en aquella  noche  de Copa en Avellaneda contra el Rojo en el 76?. El día famoso “de las luces apagadas”  y el grito de… “Hola, hola… hola, holaaaa…el negrito Jota, jota se la puso hasta las bolas” . ¿Cómo ser tan ingrato con alguién que debió dejar la selección de Menotti en el 78, por ir a jugar con River un partido de Copa?. No. Sería injusto no recordar que Aragón desmembró aquel equipo. Primero se fue Labruna a Talleres y a fin de año se lo llevó con él a la docta. Y que recién el 83 pasó efímeramente por Boca a instancias de Angelito. Y que después para medir que clase de jugador era se dio el lujo de ganar Metro 84, nacional 85 y Libertadores del 85 en Argentinos Juniors, equipo cuya base la armó también Labruna.

Juan y José anduvieron con la mirada perdida muchos años. Como extraviados, presintiendo el reencuentro, pero siempre inconcientemente azotados por una pena que los juzgo de manera capital. Ese doble de cuerpo y alma deambuló infatigablemente, sin quebrarse pero con la “falta” a cuestas. Dirigió Central, Instituto, Unión, Talleres y Libertad de Paraguay dejó todo por volver a su casa. Y ahora, el martes, ellos dos al fin  a punto de ensamblarse. Como cuando juntos dudaban de ir a pescar o a la escuela. De cuando descubrieron el fuego del licor, el  brillo del dinero, el automovil, el cine y la mujer”. De cuando dejaron los libros por el futbol Como en las viejas épocas cuando patrullaban todo con Mostaza que siempre decía: ¿cómo se hace para jugar sin el Negro López?

Hasta hace unos días coordinaba las inferiores de River. El 16 de noviembre del 2010 a las 19 horas, asume la responsabilidad histórica de ser el nuevo técnico de River en su hora más dramática. Quizás porque nació en las malas el destino le haya deparado este momento para el regreso. Quizás la hora de su vindicación. Vuelve Jota Jota, como cuando llevaba su muñequera blanca, era el último en salir del tunel, armaba la cábala de empujarla a la red antes del partido. Vuelve ese jugador que debió haber nacido en una Fabela de Río. Vuelve, el que en su hora más gloriosa,  allí en el barrio de Nuñez, a pocas cuadras del Monumental, vió edificar uno de esos hangares cinco estrellas donde el deseo suele desabrocharse sus ganas. Y se llamó JOTA JOTA. Ni Juan, ni José… Y que viene con todo, como esas parejitas. Con las mismas ganas que le tenemos a Boca.


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