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Otra vez, la pesadilla circular

Otra vez, la pesadilla circular

Otra vez, la pesadilla circular

POR PABLO DESIMONE

Son horas en las que todo fluye vertiginosamente. Cuando esto sea publicado, tal vez la suerte de Cappa esté echada. O, tal vez no. Mucho más de cara a un clásico. Lo cierto es que la  lluvia de mails, la usina de rumores que andan circulando pidiendo su alejamiento se parecen más a un  “pelotón de fusilamiento” que otra cosa. Su futuro parece irremontable. La  “abúlica” derrota contra All Boys, en la tórrida tarde de Floresta, nos dejó sin sales, con el corazón otra vez fauleado por la impotencia y la desazón.

Con el oxígeno que no llega al cerebro con la suficiente carga para ver con más claridad. Con la bronca y la angustia que nos asfixian porque otra vez, aparece, la figura del fin de un ciclo como única salida para volver a empezar. Una pesadilla circular que parece no querer abandonarnos. Otra vez  esa caricatura, de cuerpos sin alma,  que deambularon como fantasmas. Otra vez “la soledad”, que ya no invoca los errores arbitrales como excusas- aunque los hubo-. 

Otra vez esa sensación del perro que se mordió la cola. Que da vueltas, sin ton ni son, confundido, asustado de su propia  sombra. Extraviado, perdido, sin rumbo… Y de este lado nosotros. Que damos todo sin pedir nada a cambio. Y que encima se viene Boca. Que siempre ganarle es otro objetivo primordial. Y que hasta tal vez, lo más conveniente sea  pedir serenidad y no tomar decisiones en caliente. Pero, sin embargo…hay demasiado fuego cruzado y poca energía como para animarse a dar  “el último salto al vacío”. Y después…reflexionar.

¿Qué pasó?... Nos preguntamos todos entre aquel equipo que despertaba sueños de futbol, viajar en “su ilusión supersport”, baladas para un loco a esta tanguedia dominical, donde el pase, la pelota bien tratada padece la nostalgia del exiliado.
Cappa enfrenta como nuca el dilema dialéctico de los “procesos y el resultado”, en el peor momento. Siempre supo que agarraba un fierro caliente, pero hoy luego de siete partidos sin ganar al hilo, se parece más a Juana de Arco en la hoguera. ¿No pudo, no supo, no quiso?

A nadie le va mal sin que tenga una cuota de responsabilidad. A mi modesto juicio. A River le faltaron jugadores de mayor categoría individual (Bolatti, D’Alessandro, Erviti, Silva, etc) y no depender tanto de su líder espiritual, Almeyda, que cuando faltó el equipo se descascaró como una rama seca. La apuesta de los pibes funcionó y entusiasmó, pero salvó honrosas excepciones –el River de Saviola y Aimar- no hay muchos antecedentes de equipos “poderosos” con tantos jóvenes. Cambió, buscó, bien y mal. A veces se encaprichó –caso Ferrero-, sin embargo ayer no pudo con Fabbiani ¿¿??.

Sacó a Ortega – un intocable para muchos-. Lo puso nuevamente. Esperó verlo en su mejor condición y no halló solución en la construcción del juego que el soñó. Probó con Pereyra y Affranchino y sintió que le faltaba futbol. Incorporó a Lanzini y Lamela, dos excelentes  proyectos, que nuestra misma ansiedad los elevó a la categoría de cracks en noventa minutos. Pero fue insuficiente. Quizás lo más reprochable, es no haber intentado, armar línea de tres. ¿No haberle dado continuidad a qué equipo?. Si, nunca  encontró al once titular.  De todos modos, como dice el refrán: “lo que natura non da, Salamanca non presta”. Ahí están Vélez y Estudiantes, a años luz, en jerarquía individual. Y aquí habría que hacer stop y  volver, atrás. A pensar…¿que pasó con aquellas figuras que nunca llegaron?- excepto Pavone. A los rumores off the record de las apretadas de Grondona. A la verdadera situación patrimonial de River. A si la ayuda ofrecida por otros directivos para armar un plantel competitivo existió. Y en todo caso…¿ por qué no se aceptó?

Los procesos no son ni buenos ni malos. Siempre dejan enseñanzas. El asunto es no repetir circularmente los errores del pasado. Si se convoca a la unidad, que se trabaje para la unidad. No me quedan dudas de la  integridad de Cappa como persona. Estoy triste, porque creo en los proyectos más que en los Mesías. Creo que hay muchas responsabilidades y sería injusto usarlo como único chivo expiatorio de esta situación.
Me da lástima que estas lineas suenen a epitafio final. Si es así que sirva para resignificar esta crisis en el hallazgo de la salida del laberinto.

El “gallinero está alborotado: El infortunio pone a prueba a los amigos y a los enemigos. Son tiempo de elaboración y análisis, no de mezquindad. “El coronel Aureliano Buendía, frente al pelotón de fusilamiento recordó el día que su padre lo llevó a conocer el hielo”- así comienza “Cien años de Soledad”. Siempre volviendo al punto cero. La historia de River de los últimos años se  parece tanto a la de  García Márquez. “Cajitas china” que se contienen unas a otras.

Y un protagonista prestidigitador, Melquíades, el verdadero narrador del pergamino de la historia principal. El  de la caja más grande, que profetizó: “Macondo sería una ciudad luminosa, con grandes casas de vidrio, donde no quedaba ningún rastro de la estirpe de los Buendía”. Un claro, mensaje de esperanza siempre que se corte de cuajo con la “pesadilla circular”. De todos nosotros depende, la grandeza o la “soledad”.


Imagen: La Página Millonaria / Federico Peretti.


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