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Los hijos del aguante millonario salen a la cancha

Los hijos del aguante millonario salen a la cancha
02/11/10VARIOS

Los hijos del aguante millonario salen a la cancha

POR PABLO DESIMONE

No se confundan.  Cuando digo gracias “hijos” no me refiero al CASLA (Club Atlético Sin Libertadores de América), ni a Inde…sin gente, ni a Ra..sin…club. No. Estoy hablando de esos cuatro pibes varones que me dio la vida para mi felicidad y cuidado. Dos tandas de “gallinas” con las “plumas” bien puestas. Sin complejos, orgullosos de ser fanas como son.  Cada uno representante de una etapa diferente de la historia de River. Pero todos y cada uno de ellos, hijos del tablón de su padre. Sorprendiéndome día a día. Superándo mi pasión. Hasta los pigmeos…como Facundito que hoy es mi compañero inseparable de los domingos, junto a Nachito (11) que heredó de Juan Pablo (25), el mayor, la bandera de Marley atravesada por la banda que cuelga del balcón hace doce años.

Recuerdo cuando Facu, recién cumpliditos los tres, ya era el orgullo de los hermanos mayores. Especialmente de Fede (20) quién más lo apadrinó.   Las tenía locas a las maestras del maternal con los cantitos, más íncómodos. “Yo a veces me pregunto che negro sucio....”…cantaba en clase haciendo gala de sus tres cuartos de lengua. ¿ El padre?.. entre chocho y avergonzado. Sin saber  adonde meterse. “¿De quién aprende esas cosas?”,  refunfuñaban algunas jardineras por lo bajo. Mientras por lo alto tímidamente me lo preguntaban. “Esteee... y de los hermanos, de quien va a ser… mirá que uno les habla”, contestaba yo haciéndome el otario. “Yo me canso de decirles”,  seguía:  “¡Cuiden el vocabulario ché, que los chiquitos repiten todo!”. Je,  siempre zafé con el mismo argumento, pero entre nosotros los cantitos de la Página Millonaria, los practicamos todos juntos.

En el fondo, yo intuía que debajo del guardapolvo escondían la bosterita que llevan dentro. Les dolía, sin más ni más. Aunque pusieran esa carita de “¡qué rico el nene!”
Fede, sin dudas, fue el hijo que más  lecciónes de fé me dio. Es el más futbolero de los cuatro. Y además el más fana de todos. Bueno, habría que ver y esperar  la evolución de los “peques” para compararlos, dentro de unos años.  Su habitación siempre fue un museo de fotos del millo. Aunque si uno observa detenidamente hay una particularidad:  Las que más abundan son las de la hinchada. El “Fechu” tiene esa manía o enfermedad de ir a gozar la fiesta de la tribuna. A veces llega a casa y me pregunta:¿ Cómo fue el tercer gol?.¿Quién lo hizo?. No lo puedo creer. Pero…¿me estás jodiendo Fede?, le respondo. “No pá”, me dice.

“Yo no vi nada, Fui a alentar”. Parece una locura…¿no?. Sí, efectivamente es así. Fede, no entra con la barra, pero el partido no lo ve igual. Y en este punto me quiero detener. Hay varios mitos instalados en la cultura futbolera del país, que convendría revisar mientras lo describo. Fede no es como es por generación espontánea. Fede tiene a quien salir.  Quien esto escribe  le inculcó que la primera  hinchada que dio muestras sobresalientes de fidelidad  fue la de River. Que se la bancó en las malas antes que ningún grande.  Que durante 18 años reventó las boleterías, sumando desilusión tras desilusión. Igual o peor que en estos dos años. Tanto es así que haciendo juntos un poco de revisionismo comprendió la falsedad de varios de esas “vendedoras” mentiras del aúlico círculo del periodismo deportivo. Entendió como nadie tres grandísimas falsedades.

1)El mito de la amargura. 2)El mito de los carnets rotos 3) 3)El mito de las tribunas vacías. Supo por experiencia propia lo que era armar una fiesta en la Boca o donde sea. Tiene tres escudos  grabados a fuego: en la pierna, en el traje de los Bakanes de Olivos y otro en su corazón. Los tres rezan:  ¡Aunque ganes o pierdas!. Vivió a pleno el River que le peleó palmo a palmo a Boca la convocatoria y lo superó ampliamente en organización y movimiento popular. Disfrutó de La Caravana Monumental, esa gesta incomparable del Centenario. Pero además juega bien al futbol y tiene en claro lo que significaron los equipos de Ramón y nuestro paladar abacanado. El Enzo, Orteguita, el Muñe, Aimar, Saviola, Cambiasso, Ledesma, el Chacho, Cavenaghi, D’alessandro, Lucho, Mascherano y en estos años Almeyda y Buonanotte.   Supó de su padre que el hincha común, jamás rompió su carnet.  Los que rompían los carnets eran algunos  habitués de la social y la San Martín baja,  hombres grandes ya, con una alta dosis de intolerancia. Los más exigentes hinchas del mundo seguramente. Esa platea había visto  al River del 40 y el del 50, sin dudas,  el mejor equipo del mundo hasta la aparición del Santos. ¿Cómo no comprender su bronca?. La diferencia era que nosotros la apagabamos cantando, aguantando, igual que los pibes de hoy.

También supo a través mío, que para ver al River de Labruna del 68 que perdió el campeonato por el penal de Gallo, había que ir tres horas antes a la popular. Que en Córdoba contra Belgrano, hubo que suspender el partido dos veces porque se cayó el alambrado de la gente que había. Que el River de Didí fue una revolución de buen futbol y de canchas repletas. ¿Y qué decir del campeón Metropolitano del 75?. Promedio record en la venta de populares de la historia. Y el partido del festejo del título en el Monumental frente a Racing, suspendido porque hubo que sentar a la gente en la pista, antes de que ocurriera una catástrofe. Que en las semifinales de la Libertadores del 86, contra Argentinos en Velez, no pude entrar con las plateas en la mano.  Y que en la final, había 80.000 personas en el Monumental. ¿Cuándo estuvieron vacías las tribunas de River?. Algo, en los años 82 y 83, casi como tomándonos un relax peligroso. Fue una extraña transcisión que luego derivó en la explosión del equipo de Veira y en la despedida del Beto. En la decada del 90 se empezó a gestar de nuevo el fenómeno de masas. Pero además aprendió sin que nadie se lo contara las cuatro verdades incontrastables de la vergüenza bostera. a)La realidad de las banderas negras b) la  realidad de la fuga en  el primer tiempo. c) La realidad de la  tercera bandeja en solitario. d) la realidad de los parlantes.

Todo eso que verdaderamente ocurrió, que  fue un hecho documentado e innegable. Que dejó estigmatizada de por vida a la N° 12, por la quita de apoyo al primer equipo cuando la taba venía de culo. “Esa es la hinchada la que en el primer tiempo se fue y no volvió más…”. Inducida luego por el Ingeniero de las maquiavélicas coartadas terminó sometida a los caprichos  de quién abjuró del duelo de hinchadas y vendió su paquetería for export. La misma gente que en una semifinal de la Copa, contra River en el 2004, dejó vacía su tercera bandeja, que terminó hasta nuestros días muerta de soledad. Allí los parlantes quedarían muy expuestos, seguramente. Resultado: playback en el corazón de la doce.

Vuelvo a Fede y a su lección de fé. Cuando a este “periohincha” lo censuraron en el  Site oficial, por criticar a Pellegrini y defender a Ramón en el 2002. Fue el primero en venir a decirme: ¡no bajés los brazos!. “Viejo yo me hago socio”. Me voy al club, me dijo sin titubear. “ ¡ Vos estás loco!”, le conteste.  “¿Vas a ir a ver a estos turros?” le dije con mucho resentimiento y dolor. Pero a él, le resbaló: “Viejo, ahora hay que alentar más que nunca. Todo esto va a pasar, acordate”. 

Me dejó mudo y me enseñó. Que no hay razones que se puedan esgrimir frente al amor. A esa locura que siempre nos despertó la Banda. Que no jure sobre lo que no iba a poder cumplir. Yo que me había besado los dedos en cruz prometiendo que no iba a volver hasta que esa gente no se fuera del club, volví más temprano que tarde. Me enseñó que el aguante era en ese momento, en las malas. No cuando toda anda, bien, o medianamente bien.  Que es lo que estoy haciendo en este momento, que me dieron ganas de escribir de nuevo, aunque estemos peleando por zafar de la “promo”. Y hay que hacerlo en honor a esta gracia divina que son los hijos y River. Que son hijos de la vida,  que dependen de uno, que un día arman las valijas sin decir adios, pero que irremediablemente siempre sabemos donde queda nuestro punto de encuentro. Allá arriba en el “tablón”, del cartel a la derecha. Ellos son,  lo que yo siempre les conté. Son “los hijos del aguante millonario que hoy salen a la cancha”. Los que dan la vida por estos colores. Como lo haremos todos la semana que viene. Cuando se escuche: ¡Ahí viene la hinchada…del Monumental!










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