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Una tarde de amores y odios

Una tarde de amores y odios

Una tarde de amores y odios

POR ALOPEZ

Bajo un Monumental repleto, los hinchas de River manifestaron su disconformidad para con Cappa, pero despidieron al equipo con aplausos. Además ovacionaron a Ferrero y Pavone, dos que se destacaron a base de sacrificio y esfuerzo. Buonanotte, autor del empate, también recibió el cariño de la gente.


Más de 50 mil hinchas de River colmaron el Monumental de Nuñez para volver a bancar al equipo de Angel Cappa, pero con el correr del partido el ánimo de la gente para con el técnico millonario varió rotundamente. Es que entre las cinco fechas sin victorias, tanto cambio desconcertante y el 0-1 parcial a manos de Giovanni Moreno, no hubo promesa de Tiki-tiki ni paciencia que aguantara.


Y así se lo hizo saber la gente a Cappa, que en el entretiempo se fue al vestuario bajo el repudio de toda la platea San Martín. Pero previo a ello, hubo un veredicto que anticipó ese malestar: después del gol de Moreno, que convirtió ante la inquietante mirada de Arano, el entrenador millonario mandó a calentar a Ferrero y, casi al instante, desde la platea surgió una inédita ovación para el central que había sido relegado por el técnico. "Ferrero, Ferrero", gritaron, mientras Buonanotte -que calentaba a su lado- quedó sumergido en la indiferencia.


Pero no todas fueron críticas en la tarde del Monumental. Los hinchas también brindaron una verdadera fiesta para ambientar al clásico más antiguo del fútbol argentino y además se encargaron de reconocer a aquellos jugadores que se destacaron a base de entrega y compromiso. A Ferrero no sólo lo ovacionaron previo a su ingreso, sino también cada vez que el ex Colón demostró en la cancha por qué Cappa se equivocó al sacarlo del equipo.


Mariano Pavone fue largamente ovacionado por correr y pelear hasta la última pelota con las mismas ganas como si se tratara de la primera, y El Enano se metió en el vestuario envuelto en una marea de aplausos mientras le agradecía a la popular besándose el escudo de su camiseta. Y como para que no quedaran dudas de que la bronca no es con los jugadores, sino más bien con el cuerpo técnico, el equipo se fue bajo un leve aplauso que se repitió en todo el estadio y que dejó atrás aquellos silbidos post empate con Gimnasia.


Foto: Fotobaires.


 


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