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Lord Cappa

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Lord Cappa

POR PABLO DESIMONE

¿Qué busca Falcioni? Fama. ¿Qué le pasa? ¿Está nervioso? ¿A título de qué? ¿De que le digan que su equipo juega distinto a River? ¿Se falta a la verdad acaso? ¿De qué se enoja? Que Cappa ponga en blanco sobre negro la pésima actuación de un árbitro que finalmente fue sancionado por el arbitraje que Angel cuestionó. ¿O hay algo más? ¿Se siente desvalorizado por la prensa cuando la mayoría del cuerpo mediático futbolero es proclive a exaltar la eficacia que le ha proporcionado a Banfield o pretende que Cappa se dedique a las Ciencias Sociales o la filosofía y no al futbol? ¿Quién lo juzga? Los judas del “vale todo”, los acólitos del oráculo bilardista y los “mediocres conformistas” que mezclan la inteligencia con la avaricia. Quieren que sea un lord inglés, dentro y fuera de la cancha. Que no se encabrone. Que haga un curso de buenos modales en el medio de un mundo intoxicado por la tilinguería de los plateístas que te matan a escupitajos y  hasta los periodistas que  insultan su “don de gente”, vendiendo slogans berretas y anticuados.

Quieren  que le guste el té de las cinco antes que el mate. Que no fume, que no salive el piso, que no se mueva  -perdón Bielsa, entonces-. Que sea una momia, un ente cartón piedra. ¿Creerá Falcioni asustarlo con su cara de bulldog contrariado? ¿Con su descalificaciones groseras como se vio reflejado en esos medios adictos a la chorrera de sangre? ¿O sentirá envidia de lo que no es como filósofo, docente, ex ayudante del Barcelona y Real Madrid? Marcar distancia de una persona respetada como es Cappa en el mundo -y habló de Europa, fundamentalmente- le sirve para posicionarse a futuro cuando la rueda de la fortuna se dé vuelta. Como tantas veces sucede. Porque el éxito es un impostor y es insustancial apoyarse en el buen pasar de hoy. Tanto como es de mala leche apostar al ninguneo de un colega para salvaguardar el pan de mañana. 

Me pregunto si las conductas violentas de jugadores como Silva o Clemente tienen la sanción y repercusión que las puteadas de Cappa. Me pregunto, ¿por qué Cappa tiene que ser Fergusson o Guardiola y no puede ser sanguíneo y cascarrabias con la injusticia de algunos fallos? Quieren que tenga la compostura del Príncipe Carlos pero olvidan  su oculta doble vida. Además de ser hay que parecer, intentan decir Falcioni y las moralinas escritas por ahí. ¿Qué ganó? ¡Nada! Preguntó y se contestó al mismo tiempo.  Falcioni, como la mayoría de los técnicos, es más lo que perdieron que lo que ganaron. Pero entrar en ese terreno es hacerle el juego. El triunfo no da derechos.  Y cuando Cappa agarró Banfield fue en el 87, antes de que recibiera el envión económico de la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, hay otro desconcepto grave que aquí se está obviando. Aquello de que “se juega como se vive”.

¿Cuál es la propuesta de uno y otro entrenador?  Un periodista de un conocido diario deportivo coincide que son tan distintos como el agua y el aceite. Una reedición de la divisoria Bilardo-Menotti, pero mucho menor- dice.  En esa nota fundamenta el gran trabajo sobre la previsibilidad del juego que hace el técnico del Verde, elogiando toda su contracción al trabajo con pelotas paradas y el juego aéreo. ¿Cómo empató River el domingo? La primera vez, con un centro de izquierda a derecha donde Pavone fue camiseteado. La segunda, con un cabezazo de un central de River. ¿Cuál es el  control? ¿Para qué sirven tantos videos, Falcioni? Nadie dice que hay subestimar esas peliculitas del Banfield campeón, pero me animo a asegurar que sin verla mucho más tuvo que ver “la dinámica de lo impensado” que aportaron  Erviti, James Rodríguez, Papelito, Silva, Víctor López, que toda esa fanfarria que se monta alrededor del trabajo de uno y el otro.

Falcioni está en Banfield porque no ha podido escalar  más peldaños en la consideración de los equipos grandes. Dirige un equipo que sabe lo que hace pero que no tiene la obligación de ser protagonista. River es otra cosa. Cappa lo sabe y el periodismo antagónico también. Donde puedan encontrar fisuras entre el decir y el hacer, lo van a masacrar. Mientras sea porque tiene reacciones humanas, desdorosas en un mínimo sentido,  pero humanas al fin, resultará  irrelevante. Pero ya debe estar alertado, que en un país que no hay claroscuros, ni grises, hay una espada de Damocles, aguardándolo para decapitarlo a la vuelta de la esquina.

Pocos recuerdan ya los años en que River tenía en la AFA lores ingleses como representantes. Así nos fue. Nuestra caballerosidad lindó con la estulticia. Nos bancamos un Nai Foino o un Guillermo Nimo, dos leyendas negras del arbitraje nacional, que nos costaron dos campeonatos en la época de los infaustos 18 años sin vuelta olímpica. Ahora tenemos un gallego calentón, que sabe explicar el juego, que articula bien sujeto y predicado, que es coherente con el paladar del hincha de River y no le perdonamos ni una puteadita. Me quedó con el cabrón y no con el Príncipe de Inglaterra. Desconfió demasiado de los mansos,  “neutrales” y los acartonados cultores de “veladas paquetas” en una cancha de fútbol. Más si juega River. A mí se me sale el corazón y a veces también la cadena.


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