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Al final, Román se puso las pilchas de gladiador

Al final, Román se puso las pilchas de gladiador

Al final, Román se puso las pilchas de gladiador

POR PABLO DESIMONE

Había que jugarse por Almeyda. Regalarle un tributo a toda su épica de gladiador. Y sobre la hora, Román demostró que hay otro Román en el fútbol argentino. Con sangre, fue a buscar por arriba y metió un bochazo esquinado que dejó mudo al equipo de la “B”. Lo que en algún momento la “histérica” estrategia del equipo de Falcioni parecía que terminaba consagrando el romance lorquiano “verde que te quiero verde”, se transformó en “verde oscuridad” una novela de amor prohibido que reencarnó cuando Buonanotte, Caruso y Mauro Díaz  pusieron la pausa y el fútbol que River necesitaba.

El equipo se  había juramentado un homenaje a nuestro Espartaco, el Pelado Almeyda. Sin embargo, ese andar de Romancero noctámbulo que nos persigue se hizo presente apenas iniciado el juego. Arrancamos dormidos y le entregamos  a quien gatafloreó  hasta último momento con la formación  de su equipo -el cientista Falcioni- el manejo del partido a su conveniencia. El gol tempranero fue clave en el desarrollo. Reavivó nuestra compulsión nerviosa y nos quitó claridad. En cuatro minutos dos veces falló Carrizo y dos Laverni para que  Banfield llegara al gol y se le presentara el partido ideal. Ramírez convirtió en off-side y hubo agarrón  a  Román para no dejarlo saltar. Juan Pablo se había pasado en el centro, pero después, de a poco, se fue  convirtiendo en figura. La defensa se mostró insegura por arriba y es cierto que le llegaron mucho. Pero siempre aprovechando ese beneficio de jugar de contra, lo mejor que hace el Taladro y lo peor que le puede pasar a cualquiera que lo enfrente.

Y River que persevera en su frontalidad, pero que cada tanto se olvida que para ser profundo debe ser ancho, cosa que no consiguió en casi todo el partido. Pero que asume el libreto de equipo que quiere ser protagonista aunque todavía no encuentre su lugar en el mundo. Y que siempre busca, no siempre bien,  pero con mucho amor propio como ayer. A veces hasta pasado de rosca. Quien esto escribe, algo había dicho en la previa sobre la inestabilidad emocional del equipo. Esa mentalidad, que a veces lo traiciona. Como es el caso de Funes Mori, que pegó más de lo que jugó y hasta por allí se le vio meter un cross en el área que le pudo haber costado la expulsión. El tema es que hay que tener la sangre del Román de la contra para no calentarse con un referee que ignora una falta evidente  a Arano en la jugada del penal que magníficamente atajara Carrizo en doble respuesta.  Allí estalló Cappa nuevamente y fue justamente expulsado. Pero, ¿a Pezzotta quién lo sanciona?, me pregunto. Un árbitro que condiciona un resultado siendo capaz de  legalizar dos fallos que te liquidan. Porque si venía el 0-2, se caía el telón. Y ahí River se animó y fue. Empujado por su gente, con mucho vértigo y pocos espacios, no encontró los huecos para herirle la yugular.

Ladino lo maniató a Lamela y Rosada a Ortega, nadie rompía por afuera y sólo Pavone aguantaba de espaldas. A un Banfield que  si algo sabe es achicar bien los espacios atrás, raspar y salir rápido vía Ervitti y Quinteros. Una propuesta que le ha rendido  sus frutos y que nadie podría discutir en términos prácticos, si en cuanto a su mezquindad con el espectáculo. Hecho que a veces paga caro, como cuando Dos Santos, uno de sus centrales choca peligrosamente su cabeza  con Funes Mori y termina siendo retirado casi inconciente. Es que Banfield es así, juega a las escondidas, al límite del reglamento y hace una bandera de ese estilo, muy parecido al de su vieja “hinchada  amiga” de Brandsen e Iberlucea.

El segundo tiempo arrancó sin cambios. ¿Podría más Sandro que Almeyda?. Hasta los 18 minutos el ejército de legionarios que se rebeló contra Craso parecía decido a torcer el rumbo de la batalla. Lo tuvo Ortega y dos veces Lamela pero Bologna también fue  una muralla. A los 16 minutos, el paragua mandó preaviso del final con un cabezazo furibundo que no fue gol de milagro. Y dos minutos después, Pezzota – que esta vez sí- vió el camisetazo a Pavone, para que el Burro, con un remate seco y esquinado a la derecha del arquero decretará la igualdad. ¡Rosa…Rosa tan maravillosa!, para River y ahora sí a tomar Roma.

Pero no, antes hubo lugar para otra siestita y de un corner infantil al primer palo, Victor López se anticipa a tres jugadores de River y la peina cruzada al segundo palo tomando a contrapierna a Carrizo. (En esta para mí, ninguna responsabilidad). Otra vez la misma película. Resucitó el “perro verde”, ese extraño can  que nos asusta por nuestra propia imprevisibilidad. Cappa enrejado en una cabina de transmisión parecía en Devoto. Sus gritos de libertad se escucharon hasta de la cancha de Lanus. Mandó a Carusso y sacó a Lamela. Y el ataque final lo haría con el Enano, de gran influencia en los minutos que entró y el pibe Díaz que entró por Pereyra. Ortega bufó pero ya no tenía resto. Y River jugó sus mejores minutos. A lo River, por abajo, armó Dieguito  una pared con el tanque que bien pudo haber sido mano y penal (ignorada por supuesto). Hasta que a cuatro de los noventa reglamentarios, apareció como un gato nuestro Román para gritar “rojaijú”. “Es para vos Pelado”, pareció decir en guaraní. Los últimos minutos mostraron la verdad desnuda de la mina histérica.


Salgo o no salgo. Voy o no voy. Así terminó Banfield casi cocinado en su propia salsa y River, con mucho para corregir pero como aquel final glorioso de la película de Stanley Kubrick. Con Espartaco en la cruz y su mujer mostrándole orgullosa a su hijo en brazos que sería libre para siempre. Fue más que un punto, fue un punto obtenido con osadía y rabia que nos mantiene vivos. Fue  en honor a Matías y toda esa gente que con sus cantos copó la noche del Sur y  los dejó color “verde oscuridad”. ¡Vos sos de la “B”! ¡Vos sos de la “B”!


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