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Yo me voy a morir amándote, amándote

Yo me voy a morir amándote, amándote
28/09/10VARIOS

Yo me voy a morir amándote, amándote

POR PABLO DESIMONE

“Algún día verás que me voy a morir amándote, amándote”. Como tantos que estamos desparramados por el mundo recordando el natalicio de Angelito. “Padrenuestro” que nos legó el Día Internacional del Hincha de River. El que hoy se festeja como una efeméride, aunque no reconoce horas, tiempos, hogares, lunas ni soles. Porque somos portadores de ese ADN tan glorioso y vital, como adictivo. El de la escuela de tantos quijotes futbolísticos, de templarios fundacionales y de  amigos anónimos y atorrantes, que dieron todo, dan todo  y seguirán  hasta el instante final, amándote.

Porque seguramente llegará ese día en que partiremos livianos de ropa, pero quedará al desnudo la banda sangre y el tul de novia, inscriptos en nuestros corazones. Los glóbulos rojos y blancos se harán etéreos, volverán al cosmos y habrá una lluvia de cenizas como luciérnagas bañando el Monumental. Lo que no podrán es con nuestras vísceras. Ellas delatan como nada nuestra identidad. River está en nuestras entrañas, además del corazón. Y nuestra voz se irá pagando, cuando tenga la certeza de que en la edad del cielo no tronará  el eco del aliento y de los bombos de la “hinchada máxima”, “el país menos algunos”, como nos bautizara Bernabé Cicuta en la Revista River.

Y nos iremos en paz, sabiendo que no nos pudieron quebrar ni las envidias, ni los resentimientos, ni los egos. Y que aquellos serpentarios que nos plantaron,  todos fueron arrasados por el fuego de esta pasión. Si de algo moriremos, será de amor, no arrojados a los glaciares del olvido. Nosotros no abandonamos. Ni nos enroscamos en la puteada despiadada del maltrato, de quien no cuida lo que ama. No vamos a desaprovechar la fiesta de los domingos exagerando cada contratiempo. No somos vigilantes, somos gendarmes de un estilo con marca registrada. Somos futboleros, gente de cancha, sanguínea y exigente. Pero conocemos los  límites.

El  amor a la banda nos pide más y más compromiso. Sabemos de ese hilo delgado que es pasar del amor al odio, a la bronca indiscriminada. No nos vamos a permitir caer en el peor de los boicots que es insultar la esperanza. Estamos para edificar la trascendencia de River. Sin pecar de lirismo ni caer en  pecados de soberbias, vinimos a construir puentes. ¿Cómo? Haciendo síntesis y resignificando nuestra historia constantemente. La de nuestros próceres del “verde césped” y la de tantos  “Corazones Valientes” del tablón. No hay adversidad capaz de revertir. Hasta ese fantasma “de los promedios” que a tantos asusta. Son tiempos de grandeza espiritual, de andar unidos, de creer en los creativos. No le hagamos el caldo de cultivo a la prensa que tanto nos despreció, que se vendió al mejor postor del resultadismo, porque es lo que más los engorda. Los que venden con nuestra catástrofe.

Ni a tantos otros que miden todo con la vara de los números pero putean cuando los partidos son aburridos. Los que piden poner huevos pero se conmueven cuando aparece un Lanzini o un Lamela. Cuando sentimos cómo se nos eriza la piel con estas apariciones, como antes fueron Peucelle, Pedernera, Labruna, Walter Gómez, Sívori, Amadeo, Ermindo, Pinino,  Jota Jota, el Beto, Enzo, Ramón, Aimar, Saviola, D’Alessandro, Ortega y tantos otros, injustamente no nombrados. Huyamos de los profetas de los miedos que nos hacen ciegos. Hay un mar que se llenó de pececitos multicolores,  cardúmenes que recién están aprendiendo a nadar. La siembra anegó de vida nuestro futuro. Y el futuro es lento pero llega.  Defendamos la alegría de volver a ser.

En este aquelarre de la historia colectiva de River, me quedo con lo soñadores. Aún a riesgo de que me tilden de fundamentalista del lirismo. No me van a quebrar los pesimistas. Menos un día como hoy. Soy portador de un virus, esa droga con destino refinado y sociable que nació un 25 de mayo de 1901, en los bajíos de la Dársena Sud. Nadie encuentra el antídoto que me cure. Somos millones en el país y el mundo. Es por eso que cada mañana, tengo esta sensación, hoy más fuerte que nunca.

Me levanté silbando ese himno maravilloso de la Bersuit, “al olor del hogar”:  El carnaval y el tango fueron curas, mi vieja me cantó “duerme negrito” y mi segundo hogar, el gallinero, mi viejo me soñó como Angelito”.

Ese es mi lugar. Allí donde nuevas generaciones “siempre vamos estar, Millo, hasta morir. De la mejor manera:  ¡Amándote, amándote, Amándote! Feliz día, hermano millonario.


Bajate las postales del festejo.


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