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¡Crímenes perfectos!

¡Crímenes perfectos!

¡Crímenes perfectos!

POR PABLO DESIMONE

…Y sí, estoy con bronca…son esos días que uno venía con ganas de reír y se le planta la angustia. Era un partido bisagra, esperado y hubiera preferido una lágrima de emoción. Pero hay domingos que se nos cruza un Dios salvaje y dan ganas de romper el teclado. Ñuls nos rompió el corazón, pero nunca el alma.


Ese Dios que se olvida de rezar por nosotros, que es el de aquellos feroces defensores de los pimpones y de las sumas algebraicas que fundamentan el análisis de los partidos por el resultado y no por el trámite. Y que duele mucho más cuando la desesperación irracional llega del lado de los amigos. Se hacen aliados de los pacientes de ayer que se convirtieron en furiosos intolerantes de hoy. Los que piden por Ortega cuando está fuera y los que lo putean porque Cappa no lo saca. Los que extrañan a Ramón pero no movieron un pelo cuando lo rajaron. Los que se llenan la boca del “aunque ganes o pierdas…” y te mandan mensajitos de texto insoportables, con leyendas como “¡somos horribles!”, “¡qué amargos!”, “¡ganemos una vez a lo Boca!”. Esas y miles de boludeces más.


Todas y cada una de ellas impropias del hincha de River de verdad. ¡Como si no pudieran entender que esta sed que no se calma con agua solamente! Que toda la grandeza no nació de un repollo y que sólo la vamos a recuperar con estilo. Que de una sequía como esta no se sale sin esperanza, sin fe. Es por todo esto, que me dan ganas de decir: nos vienen a convidar con tanta mierda... y les compramos a estos vendedores de baratijas efectistas. Hay tantos generales del ocaso que nos quieren convencer con sus razones tan miserables, desde lo futbolístico y conceptual, que da asco. ¿Qué propuso el equipo de Sensini? ¿Qué hizo de manera tan brillante que no hizo River? ¿En qué fundamentó su “heroica” victoria? Y digo heroica, porque terminó contra las cuerdas, reventando cuanta pelota llegaba al área. Con Schiavi, empujando y agarrando a todo el mundo, con total impunidad. Con los once rojinegros metidos atrás, pegándole de punta y para arriba, a ver si acertaban el Prode en una contra.


Y de propuesta, ni hablemos…porque hasta los 10 minutos hubo un River que arrancó a puro toque, con un Lamela exquisito, un Ballón preciso y un Funes Mori veloz, al que le cobraron dos offsides inexistentes. Todo, todo era de River. Hasta que de una falta insólita, durmió Pereyra por la izquierda y Borghello conectó un tremendo cabezazo inatajable para cualquier arquero. ¿Qué más hizo Ñuls, luego del gol? Se dedicó a cortar juego en tres cuartos de cancha, a hacer tiempo hasta lo inimaginable y a apostar a la velocidad de Sperdutti. Recularon, ensuciaron el partido. Lo sacaron a Ortega de sus casillas y a Lamela lo cortaron con fouls tácticos todo el tiempo. ¿Ese es la épica que le piden a este equipo? Por favor...


Con aciertos y errores River siempre fue al frente. Cappa entendió que faltaba un punta y mandó a Pavone adentro. Cuando perdió algo de juego, entró Buonanotte. ¿Sacarlo al Burrito? Ya va a salir, cuando el tiempo lo indique. Seamos respetuosos. Faltaba generación de fútbol en ataque y optó por la variante de Rojas, quien lo hizo con criterio.  Pero enfrente, claro, había un ejército de “bichos” y “macaneadores” que exprimieron el reglamento al máximo. No es tan fácil abrir estos partidos. Pasó con Arsenal, mediante una pelota parada. Pero esta vez Dios se puso del lado de los villanos. ¿Vaya a saber por qué? Se robó la caja fuerte, secuestró a la secretaria más hermosa y todavía se llevó los aplausos de los que no pueden ver la trama, tan sólo el desenlace.


Pero no, este mundo de “ganadores” y “perdedores”, de flores de plástico y de utopías rengas, a veces te entristece más de lo normal. Igual, yo me quedo con el partido que vi: este River, que perdió de manera injusta. Distinto al que empató con Argentinos o ese híbrido que fue en Liniers. Ayer, creyó, luchó y desaprovechó esas situaciones insólitas como las de Funes Mori y el peruanito en la primera etapa, o las de Ferrero y Pavone en el final del partido. Todas producto de una convicción: la de jugar el partido. ¡Crimen perfecto para estos fugitivos del amor incondicional!


Por eso la bronca y esta tardanza en sedimentar la derrota. Porque yo vi a un River entero anímicamente y capaz de triturar la desesperanza en cada pelota disputada. Perdón por el enojo. El domingo salió todo afuera, de la peor manera, la moneda cayó para el lado de la soledad. Y ella partió con el rufián. Siento el corazón roto y es el único que me vino, tal vez por defecto. Pero es de River y uno no elige de quién se enamora. Sólo los años nos van explicando lo inexplicable, excepto estas obviedades que parecen olvidadas. “Yo soy de River porque el mundo me hizo así, no puedo cambiar…”.


Imagen: FotoBaires.


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