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¡Y que revoloteen los pájaros en el Parque!

¡Y que revoloteen los pájaros en el Parque!

¡Y que revoloteen los pájaros en el Parque!

POR PABLO DESIMONE

Esos pichones como Lamela, Funes Mori, Pereyra, que hoy serán los abanderados del vuelo de una extraña generación de pájaros que nació entre los rastrojos de un bosque incendiado.


Entre los duendes de Ariel, la “imponente” presencia de Almeyda y toda la seguridad que representa Carrizo defendiendo nuestro jaulón. Que revoloteen los pájaros, que se abra, buscando esa sincronicidad tan anhelada entre ataque y defensa que persigue Cappa. Que sea fiesta dominguera en calidad y emociones, y en  homenaje a todos los santafecinos de los pueblitos inmigrantes del interior que llegarán. Esos  que durante más de cien años nutrieron nuestro semillero.


Qué la tarde que despide el otoño se haga primavera de golpe. Como de golpe empezamos a convencernos que siempre hay resquicios de luz. Y que toda  crisis tiene  su contracrisis, anticuerpos invisibles, de un caos interno que no permitió ver que entre las malezas había criadores de aves exóticas.  Es que entre la oscuridad y el frío hubo quienes supieron resguardar los huevos y las crías que son estos chicos que ya planean,  dibujan, misteriosos arabescos en el aire y llevan su música al campo de juego. ¡Qué hoy salgan a revolotear en el Parque Independencia, para confirmarnos que estamos vivos, que ellos son los que nos devolvieron el ADN de lo que se creía únicamente un Parque Jurásico!


Hay una generación de gorriones millonarios que vienen apareciendo en bandada. Que se rebelen. Que abandonen decididos el nido. Como si fueran aviones alineados para ametrallar con talento a los leprosos. Que jueguen que puedan ser lo que su naturaleza y su esencia les pide. Ser  pájaros libres y no rehenes de mezquindades e ingratitudes, de disputas de pertenencia. Ni que estén el medio de las facturas del antes, del ayer o del ahora. En ellos está el presente y los divorcios traumáticos entre padres suelen ser fatídicos en el futuro. Por eso, entendamos, de una vez por todas, que nadie se sienta su dueño.


¡Que se escuche bien fuerte, que llega River al Parque a robarle las ramitas a los pinos, a elevar su trino, a pisar sus hojas y a  dejar señales indelebles que hay mucha reserva de talento como para seguir creyendo. Allí están los Affranchino, Cirigliano, Buonanotte, Lanzini o Villava, o los que vienen muchos más atrás. Los Olid Apaza, Espíndola, González Pirez, Driussi,  Improvola,  Vega,  Kaprof,  Fede Andrada, Lucas Pugh,  Agüero, Zacarías, Espinosa, Vila, Macarof, Quignon, Galucci Otero, Carreras o  Villanueva. 


Muchos seleccionados y otros pequeñitos cracks, pertenecen a una raza de pájaros única, sutil, infinita, e interminable. Abramos sus jaulas para que floten confundidas entre papelitos sus alitas de monja y su pecho albo diagonalmente ensagrentado. En el mismo instante en que la tarde hable con el “River mi buen amigo….”. Como siempre pasó y seguirá ocuriendo. Y para que el vuelo siga en ascenso,  como esta ilusión que nos enciende el pecho, tanto hoy como  en los tiempos más aciagos.


En River hay alguien que entiende que “creer es crear”. Y que de todas formas los ciclos se cumplen iguales y los retoños reaparecen insistentemente, así como la flor azul de los jacarandáes o el aroma de los paraísos. ¡Vamos, a despedir el frío y festejar entre banda y bandada, de hinchas y de pibes voladores que no hay mejor lugar que copar el Parque para esperar la primavera! Y en una de esas el vuelo se va convirtiendo en vals, como sueña Angelito. Acá estamos, ansiosos, aguardando “la danza de los pájaros” en el Parque Independencia.


Imagen: La Página Millonaria.


 


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