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Los amores que matan nunca mueren

Los amores que matan nunca mueren
09/09/10VARIOS

Los amores que matan nunca mueren

POR PABLO DESIMONE

Por la memoria de Walter Paz. Porque todos somos Walter. Los jugadores, nosotros y nuestros hijos. Por lo que gozamos y padecemos en ese maltrato inhumano que venimos denunciando día a día, en cada previa de visitante.  Por lo que nos juramentamos en ese canto épico. “Yo te sigo de la cuna hasta el cajón”. Porque no hay consuelo que mitigue ese dolor insoportable para sus allegados y porque únicamente nuestra presencia masiva contra Arsenal será el único  remedio que atenúe en parte la sinrazón de la muerte de su vida enamorada.

Por esto y porque River nos necesita más que nunca. ¡Que no decaiga el factor humano! Ese que se obstina en demostrarnos nuestra levedad, que somos mortales pero sin embargo seguimos. Estamos de pie y mucho más tras la derrota. Porque nuestra humanidad va naturalizando lo desnaturalizado y se entrega. Así, loca y desquiciadamente a la inseguridad de todos los días, a la ruleta rusa de tantos pibes que se suben en una moto a laburar por unas míseras monedas, al maltrato de viajar en trenes como ganado, a ese misterio y enigma de la vida citadina que envuelve  la supervivencia en la Argentina.

Y porque la cancha es la extensión de ese escenario frágil, vulnerable, donde no aparecen las ambulancias cuando se las necesitan, los policías que nos protejan sino que nos apaleen y los dirigentes que no miden las consecuencias de sus menesterosas respuestas. Este es el resultado de canchas a medio llenar vaya a saber por qué intereses mezquinos. En ese marco, ciegos, caminamos por una cornisa casi al tanteo y “todos nos jugamos la vida”, como lo hizo Walter. Y aunque la muerte ande por allí, “como monedas tintineando la pena que invita a la desilusión”, siempre se  equivoca. Este domingo, como todos  los domingos, nada ni nadie podrá lograr que decaiga nuestro amor.

Vamos a llenar el Monumental. Por vos pibe. Somos parte del factor humano que no sabe de deserciones, ni abandonos. Con críticas o sin ellas, con pretextos y análisis o sin ellos. Con los jugadores elegidos por cada uno de los millones de técnicos que somos, llevando a cuestas las miles de polémicas que despiertan  cada planteo táctico sobretodo cuando dejamos puntos tan valiosos. Todos los días, a cada rato, en el cole, en la oficina, en el club, en el bar. Sin embargo todo queda allí, hace años que quedan allí. Ellas son nuestras broncas explícitas. Allá, donde vos quedaste desamparado como ciudadano, queda el canto, el aliento y la pasión.  Por eso nunca nadie dará pruebas de corazones cobardes en esta hinchada.

Somos River y nos pide como una novia “que mueras por mí”. En las buenas y en las malas, desde el cielo o desde la popular, le vamos a cantar esos versos tremendos de Sabina: “Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren”. Como el tuyo, Walter querido.

Imagen: La Página Millonaria.


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