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Entre gargajos y otras yerbas

Entre gargajos y otras yerbas

Entre gargajos y otras yerbas

POR PABLO DESIMONE

Acerca del partido hay mucha tela para cortar. Sólo voy a sintetizar la derrota con un juicio: inapelable. River jugó un partido tan chiquito como la cancha de papi donde se entrenó los días de sudestada. Vélez pareció un león herido luego de su doble caída, ante Boca y Banfield. Y lo planteó como una verdadera final. Nos tocó el trasero, posiblemente, el equipo con más variantes ofensivas del fútbol argentino. Lo hizo en la cancha, con testículos y buen juego. También lo hizo desde su dirigencia tras una  semana donde aquella obscena mano de Gallo que lo hizo campeón por primera vez (1968), se correspondió con esta negativa de espacios, censuras a la prensa, carteles ofensivos contra Cappa, hijaputeces (disculpa “insultos”) contra Buonanotte, que conformaron un clima que este River no supo absorber.

Intentaré refinar el lenguaje, gracias a que me tocaron “profundamente” las reflexiones de J.R, el comentarista de Fútbol para Todos, que pidió a nuestra gente parar con los cantos “homofóbicos”. Como si ese grito catártico, recomendado hasta  por los terapeutas  (leer a Fontanarrosa en su discurso sobre las “malas palabras”), que surgió espontáneo de la hinchada de River (“¡a estos p…les tenemos que ganar!), lesionara la integridad moral de la comunidad gay. Un cacho de cultura, está bien, pero dejemos algo para los 7 Locos (el gran  programa de Literatura) y no para este encuadre, donde esa “palabra” en cuestión es sinónimo de “gallina” o “cagón” (apodo con el que hemos tenido que cargar durante tantos años).

Como no me quiero ir a la “mielda”, debo consentir que jugamos para el “carajo” (palo mayor de una carabela. De allí: “andá al carajo”). Poco honesto de mi parte sería  coincidir en este caso con las declaraciones de Don Angel, que luego de soportar una  lluvia de gargajos inconmensurable,  (¿otra vez? Digo: “salivazos”) de la que la tele poco se ocupó, declaró que River jugó un partido “digno”. Es cierto, fuimos muy caballeros, pero no alcanza para enfrentarse a un equipo que a los diez minutos lo manda a Somoza a liquidar  a Lanzini, cuando éste ya estaba en el piso. Extraña, porque  Cappa ya lo sufrió en carne propia con  Huracán. Alguna vez, si las circunstancias lo exigen, deberemos evaluar si contra estos equipos “chivos” no conviene apartarse un tanto del manual de las “veladas paquetas” y armar un doble cinco con Acevedo-Almeyda, mantener los dos extremos y arriesgar con dos puntas.

No siempre se nos presentarán  rivales abiertos y a veces las películas de acción requieren otros protagonistas. Hasta la salida de Buonanotte del once titular me había inspirado mala espina (pero bue, al fin, quién es este “estúpido” (zonzo) para opinar). Tanta fe uno le tiene al “enano” que siente  que en cualquier momento va a explotar. Como cuando le tocó entrar y metió ese fierrazo de derecha. Se sacó la camiseta, la revoleó y se trepó al cielo del alambrado para abrazarse con el ángel de los pibes que ya no están. Fue lo más emotivo de una tarde con sabor “amargo”, que en otras épocas hubiera invitado a corear aquello de “las vaginas maternales”, de los jugadores.  No es para tanto Don Angel, ni para tan poco.

Hoy estamos en zona de descenso, pero vamos a salir. El tango es así: “Hoy un juramento, mañana una traición”. Aprendamos la lección. Amamos la lírica pero cuando el fuelle rezonga, mejor dejarlo a un costado. Hay otra épica en la vida del artista. Cuando llega a casa es un laburante más. Su vida no se agota en cientos de noches de gala, ni siempre tendrá a mano “el baile de la Victoria”. La pomposidad, la delicadeza, ni la estética ensayada. A veces, el diablo mete la cola  con su astucia, esa pillería zorra que el futbol siempre guarda para los bohemios empedernidos.

Tanto es así que estos “herederos” de aquel  penal que vio el país y Nimo ignoró, entendieron mejor que libreto interpretar para alzarse con el triunfo. En fin, alguna vez, tendremos que ponernos el overol aunque la historia nos pegue un tirón de orejas. Y si nos retan por no usar el “Pequeño J.R. ilustrado”,  junte las manos, agárrese la entrepierna, apriete los dientes, abra la boca bien grande  y grite a los cuatro vientos: ¡Vamos River, la puta que los parió!

Imagen: Federico Peretti / La Página Millonaria.


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