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Fútbol solidario más que romántico

Fútbol solidario más que romántico

Fútbol solidario más que romántico

POR PABLO DESIMONE

El cachetazo infligido por Tigre en la  última fecha del Clausura (1-5) en el Monumental hizo sonar la alarma que no nos gusta escuchar. Dulces, veníamos refregándonos las manos con el River que rápidamente se iba a parecer al Huracán subcampeón de Cappa. Sin embargo, el aterrizaje llegó a tiempo. Por ahora el ole, el chiche, el taquito, la rabona y el túnel deberán esperar. Cuando se esperaba una pretemporada en la escuela de Bellas Artes, Angelito despertó a la realidad a todos y aquel sueño de voltaje lírico trocó en el de un equipo solidario. Mandó a todos a una granja cooperativa que es lo que más se aproxima a lo producido hasta el momento luego de transcurridas cuatros fechas del Apertura.

Las incorporaciones realizadas junto a la depuración del plantel profesional consolidaron un equipo que viene demostrando una actitud de equilibrio entre ataque y defensa. Cappa tomó rápida nota de los riesgos de las descompensaciones (la vieja teoría de la manta corta en los pies y  la manta larga en la cabeza, o viceversa) y operó al respecto. Apostó a la reincorporación de un baluarte bajo los tres palos como Juan Pablo Carrizo y con  Maidana y Román (un gustito del Kaiser), junto a la experiencia de Arano, armó un River como hace años no se hacía: de atrás para adelante.

¿Pragmatismo? ¿Traición a sus convicciones? Probablemente, una lectura correcta de las prioridades, sabiendo que del medio para adelante, salvo los puntas, los juveniles más Ortega, le garantizaban el quantum de calidad  –no ya de lirismo- necesario para ir armando un proyecto de equipo que vaya de menor a mayor. Por algo, también, Almeyda terminó siendo titular antes que Acevedo. Más allá del nivel del coloso de Azul, Matías se ha transformado en el símbolo de un equipo que sin descollar está bien mentalizado de que se juega un campeonato mirándose los zapatos sin descuidar el peinado.

¿Qué tuvo aquel Huracán que a River le falta? Probablemente más rodaje y, sin lugar a dudas, las diferencias que pueden marcar algunos intérpretes. Sin embargo, aun sin Bolatti, Pastore y Defederico, este River se va compenetrando con la idea de triangulación en toda la cancha. Con la salida por los costados y por abajo (Ferrari y Arano). Con el trabajo de desmarque de sus volantes (Afranchino, Pereyra, Ortega, Lanzini), la pelota al pie y que la opción de pase siempre esté cerca y con más de una opción. Los puntas, caso Funes Mori y Buonanotte, parecen entender que también se defiende pasando la línea de la pelota y los centrales (Ferrero, Maidana, Román) que no pueden desconcentrarse cuando se ataca. No es todavía el River imaginado, pero nos vamos encariñando por que se nota el compromiso.

Es todavía muy  prematuro hablar de romance, porque estamos lejos del fútbol champagne. El equipo va entendiendo el concepto, el núcleo del sujeto (la pelota) y el núcleo del predicado (el juego, la acción). Faltan los predicativos, los circunstanciales, de lugar, de tiempo, de modo, esa ornamentación que sólo le puede dar el jugador. No obstante, por ahora alcanza con el deseo y las ganas que transmite cada alumno. Hay actitud, hay ganas, generan  fervor y el pueblo de River responde. Y como siempre nos pasa nos desvelan las señales que permitan percibir que la cosa da para más.

La cama está lista para celebrar. Calentita con las colchas a la medida. Con almohadas de pluma y sábanas de seda. Pero, habrá que esperar. Falta que se ponga de pie el Enano de la jibarización de su alma, que Lanzini se convenza que es crack y que Funes Mori, tenga más abastecimiento. Falta que el Burrito no se sienta tan aislado y los volantes por afuera tengan más regularidad. Mientras tanto vamos acondicionando el ambiente. No nos sentimos en  soledad porque sabemos que cada uno tiene sus tiempos. Reforzamos nuestra estructura de demora. Pero extrañamos “el breve espacio que no está, el futbol arte”.  Nos acostamos con  la “solidaridad” antes que vaciar nuestras vidas. Sabemos que seríamos demasiado exigentes en esta hora tan difícil como para no seguir como siempre. ¡Amándote, amándote! Mientras el tiki aguarda a su otro yo.


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