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Sucundum, sucundum

Sucundum, sucundum

Sucundum, sucundum

POR PABLO DESIMONE

Padezco. Sufro demasiado. Vivo en estado de recurrente enamoramiento. Sueño que la final del Mundial de tango la baile Ortega, que Cappa sea declarado “ciudadano ilustre” por no mentir. “El primer tiempo fue horrible”- afirmó ayer apenas finalizado el encuentro. En fin, todas apostillas de las que me fui enterando a través del día, lejos, muy lejos de La Paternal. Sin que mi médico se entere. Lo suyo es un claro caso de adolescencia prolongada. Usted se enamora del amor. Y van cuatro fechas, vamos punteros solitos, ¿qué quiere que haga?

Así que triste, solitario y final se me atragantó el fin de semana futbolero. “Todo se da en el momento exacto. El universo tiene leyes. Ni un momento antes ni uno después”- me tomé unos globulitos  budistas para sobrevivir y me guardé la bronca que tenía el viernes cuando supe definitivamente que iba a tener que aguantar a Apo como comentarista y no leyendo un cuento de Saccheri. ¿Qué hacer? Era la cuestión. Lo llamé inmediatamente a mi amigo Daniel -que tiene barco- y le conté que “cuatro locos con carnet” me decretaron la “abstinencia” o  la categoría de hincha de la “B”, sin acceso de visitante.

Lo primero vaya y pase, debería someterme a la cura y punto.  Y sí, “mi amor es mi enfermedad, soy un envase vacío”, si no puedo ir a ver a River. Lo de la B es otra cosa, ¿no se están apurando un poquito? Abran las gateras, muchachos. Esto es River. La ola los va a tapar, como casi nos tapa al final a  mi amigo que me convenció que le diga  a la Colo y a la Petisa, otras dos fanas exiliadas del calor de la popu, para que nos acompañen. Viento del sudeste. Olas que parecían montañas. Y como el chiflete que hacía era de terror, ni pudimos armar la barbacoa. ¡Qué manera de extrañar el olor a chori! Me sentía dentro de una  prisión flotante en el medio de las islas.

Y sí, hubo sucundum, sucundum, qué se le va a hacer. El viento pegaba fuerte, nos acuartelamos alrededor del high definition de 42 que tiene Dany y tomamos mate hasta que se acabó la yerba. Después, cada carancho a su rancho hasta la previa. A esa altura ya sabía que Román jugaba por Maidana – una lástima – y que Ortigoza quedaba afuera – ¡qué tranquilidad! Todo tenía un aire a lujo asiático. Rica picada, de las buenas, crudo español, gruyere, aceitunas griegas, longa casera y tutti li fiocchi. Un fernecito, un Gancia y la infaltable birra para seguir el match. ¡Plomazo, el primer tiempo!

Apenas la seguridad de Carrizo y la defensa bien paradita, como durante los noventa minutos. Tan aburrido estaba que el río parecía haberse planchado. Hasta que Funes Mori mete un desborde y por no ser egoísta y patear, le sale largo el último toque a Pereyra, que el arco no es su fuerte. La única llegada concreta. Con Buonanotte desaparecido en acción, después de la pequeña recuperación contra el rojo. Humm, qué sueñito. Esperamos una reacción que se produjo en parte gracias al descomunal despliegue de Ortega y Almeyda, otra vez los dos vasallos de Cappa. Honorables caballeros, que dejan la vida por estos colores.

Tanto es así que Ariel llegó tres veces a posición de gol, claro, ya sin piernas. Los cambios, bien, pero un Argentinos aguerrido que siguió dando batalla con ese pedazo de jugador que es Mercier como abanderado, se atrincheró y no dejó resquicio. Emprendimos el regreso a puerto, ya a pleno sol. Pero con la sensación de que otro domingo como éste será demasiado. Los tratamientos adictivos  hay que llevarlos de a poco. La “abstinencia” se había hecho sentir y aunque ya en tierra nos enteramos de que estábamos mucho más primeros con el triunfo agónico de la bosta. Nada había sido igual.

Contra Velez, otra vez de visitantes, gracias a la organización de la AFA y el destrato  hacia los periodistas clase “B” o “C” (los que trabajamos en webs).  El mismo que recibe otra  cantidad de hinchas, aparentemente también de menor jerarquía que otros. Con la Colo y la Adri, la petisa, todo bien, son de fierro. Pero ellas también extrañaron el canto, la oración dominguera y el amuchamiento calentito de la popu. ¡Volveremos, más temprano que tarde, sin retorno. Juro que volveremos! No me arrepiento de este amor. Para mí fue suficiente, quiero vivir en un país libre, donde alguna vez esté “prohibido prohibir” la pasión.


Imagen: La Página Millonaria.


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