Cargando...

Aquella "Cita con ángeles" en La Paternal

Aquella "Cita con ángeles" en La Paternal
25/08/10VARIOS

Aquella "Cita con ángeles" en La Paternal

POR PABLO DESIMONE

Para la  historia del fútbol pasará casi desapercibido el primer domingo de marzo del 2005. Sin embargo, fue una tarde en que las cuerdas de la guitarra de Pappo lloraban todavía lágrimas de sangre en el barrio de La Paternal, por esa muerte desatenta e inoportuna del blusero más importante de la Argentina. Una tarde que se enfrentaban el Bicho y el Millo, en el Estadio Maradona, y nada hacía prever que mientras el ángel del Carpo se nos escurría simultáneamente, otro ángel, el del Matador Salas, estaría regresando. 

“Cita con ángeles en La Paternal”, entonces, descontando que Silvio Rodríguez, otro que es capaz de hacernos levitar, no cobraría derechos de autor por el título. El fútbol tiene ese don milagroso. El de transformar la intolerancia en canto. La sinrazón  había mostrado los más bajos instintos de la condición humana a partir de una disputa interna en la barra de Argentinos. Todo un pandemónium irracional, hasta que el cielo enviara sus mensajeros. Primero,  un solo coro en toda la cancha para entonar: ¡Y Pappo no se vá! Y después, cuando la pelotita empezó a rodar, apareció el ¡SSHH...ILENO! para deslumbrarnos y apagar las voces que lo sepultaron en vida.

Volvió con todo. Con la responsabilidad y el honor que implica ser capitán después de casi cuatro meses sin jugar partidos oficiales. Volvió para  desmentir a tantos lenguaraces que viven de  los juicios condenatorios y excluyentes, porque de lo que se trata es de llenar espacios y horas de chismografía deportiva. El Arauco dio muestras que está bien vivo y eso era lo que más importaba.  Reapareció con la rebeldía propia de su pueblo, jamás rendido. Con la dureza de la madera del “Temú”, el árbol que le da nombre a su tierra, Temuco.  Es cierto que Astrada y Hernán Díaz lo estaban protegiendo, cuidando, como corresponde a una especie en extinción. Como los Mapuches protegen y adoran al Cóndor, su ave sagrada.

Un goleador de raza, un animal del área no se encuentra a la vuelta de la esquina. Y si bien todavía le faltaba rodaje, mostró que su talento estaba intacto. Quizá no era aquél que se animaba a gambetear en el área y desparramar a los arqueros. El de aquella noche inolvidable frente al San Pablo por la Supercopa, por ejemplo.  Pero quién como él sabía manejar esos movimientos de contra anticipo  y descarga a un toque, su  corazón pensante y  su  mente que late fría a la hora señalada.

Seguramente ya no iba a ser posible ver  al tremendo Matador de las estampitas que acompañaron su retorno del viejo mundo, pero qué bien que hubiera  venido sostener, con continuidad,  su nueva versión.  El que se hizo  los espacios en el primer gol  para que se luzca Patiño en su pase. El que miró todo antes que ocurra. Entonces, cuando decidió usar el costado externo de su pie izquierdo, sabiendo que el balón escondido en sus alas de cóndor trasandino se anidaría allí, donde el ojo asesino hubiera elegido. Luego,  ya  cebado por  el hedor y el  dulce sabor  de la sangre, volvió a exhibir su olfato carnicero, depredador. Echó la cola para atrás, avanzó como un boeing cuando inicia su carreteo y mientras  todos retrocedían, nunca imaginaron de sus garras semejante precisión y fuerza. Clavó un zurdazo para la antología, inatajable para cien arqueros.

Después salió y a River le empataron un partido imposible. La tarde milagrosa se iba a acabar con la deserción de los ángeles.  No obstante Marcelo ya había recuperado el aliento y el amor de su gente. Le hacían falta para ir ganando en confianza.  Todos anhelábamos un rato más, nada más. Para que Salas vuelva a ser el vigía del gol.

Había vuelto el Animal Sagrado, rey de las 18 y de los pedernales inalcanzables. Había vuelto para ofrendarle los goles a su hija Camila y desmitificar definitivamente su “vida loca”. Esa tarde, nos fuimos de La Paternal con un sabor agridulce. Festejando su vuelta, pero con un extraño presentimiento de corto plazo. Mortificados por los puntos que dejamos escapar y porque de fondo nos acompañaba la melodía de “Guitarra vas a llorar”, un viejo y hermoso tema de Los Beatles.


Últimos videos

Comentarios


Agreganos a favoritos Cerrar
Agreganos a favoritos Cerrar