Cargando...

¡Traidora!

¡Traidora!

¡Traidora!

POR PABLO DESIMONE

Vos. Justo vos. Amante culposa. ¿Cómo me vas a hacer cantar “porque este año de acá de Núñez, de acá de Núñez salió el nuevo”? ¿Qué hacés? ¿No te suena a exagerada nuestra pasión? Van tres fechas y ya me hacés socio de tu delirio. Ese canto de más de 50 años que sólo se saca en ocasiones especiales. Ya sé que estás electrizada y que si además Barenboim decidió extender el concierto del sábado en el Obelisco a nuestra tribuna, qué más quedaba por  hacer.

Comprendo que todo está dado para la ilusión, pero me inquieta -ya te lo confesé- el desengaño. Yo te dije  al oído que nos miremos de los pies a la cabeza. Que seamos cautos, que vayamos despacio. Que el deseo es el deseo, pero que paremos un cacho. Y vos, siempre igual. Sí, pero no. Y trato de entender y te disculpo, porque  por otro lado no puedo sustraerme a la fascinación de ese Lanzini que juega tan bien y tan simple que parece del montón. Que me abre los poros como si quisieran lagrimear  ante el  pase de billar, de mashé, que  terminó en el segundo gol.

El que le terminó de abrir el arco a Funes (Mori) el memorioso del gol. Otro que temblaba y  apenas se podía poner las medias y los pantaloncitos y hoy se empilcha como un galán maduro. Y la alegría de que el Enano empiece a reencontrarse con él mismo sin obsesionarse con el arco y dar clases de trigonometría, por izquierda y por derecha. Con el “Tucu” Pereyra, de impresionante primer tiempo y con los dos tractorcitos que juntamos sobre la derecha. El “Loncho”, cada vez más jugador y el pibe Affranchinno, cada vez más ancho. Entonces, “traidora”, vos venís a darme manija y yo miro para abajo y digo: “Puta, de qué me sirve que gane All Boys”.  Y simultáneamente me regocija por adentro que ellos pierdan -con el respeto que Borghi me merece- con el recién ascendido. Y si le pongo el espejo retrovisor a esa “ilusión supersport” veo un River que estaba más desahuciado que los 33 obreros mineros encontrados felizmente con vida ayer en Chile.

Yo sé que no es sano ser tan triunfalista, por eso te reprocho.  Pero hasta al bueno de Cappa se salió de la vaina y gritó los goles, cosa que casi nunca hace. Porque vimos un gran partido, de ida y de vuelta. Lejos de ser perfecto, para River. Con algunos desacoples defensivos, pero con un Maidana imponente, capaz de trabar tres veces juntas a los dos minutos  y conquistar la pelota y  el Monumental. Con Ferrero dubitativo pero expeditivo, con Arano, más contenido en ataque pero jugándose en cada cierre y que además generó una de gol, solito, en la primera etapa, fruto de su profesión de fe. Esa de no dar ninguna por perdida. Y además si parece sustentar la esperanza hace falta algo están los dos colosos. El Jesús del medio campo y su discípulo Juan Pablo.

Almeyda roba en toda la cancha y nos deja vacíos de metáforas e hipérboles. Carrizo se levanta y anda. Pide aliento, grita con la gente, zamarrea a los defensores, los ubica y le sobra, para taparle el  empate a Silvera, sobre la hora. Y si hubo algo de aquellos “caballeros de la angustia”, como le decían a La Máquina. Pero River es así. ¿Qué te puedo reprochar, entonces? ¡Que me incités a probar la manzana del Edén otra vez? Sólo me sale parafrasear a Oliverio Girondo: “Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias, como pasa de higo o un cutis de durazno, pero eso sí -y en esto soy irreductible- bajo ningún pretexto acepto que no sepan volar”.

Y menos que te manden un mensajito de texto diciéndote no voy a poder llegar me quede dormida después del asadito en Pilar, ni la siesta, ni el tren. (¡Hubieras visto cómo estaba la primavera renaciendo en el Monumental!).  Porque  si vos te bancaste todas las malas es justo reparador que me invites a volar.  Si los pibes se animaron a “soltar todo y largarse”. Está todo bien, “traidora”. ¡Cómo no le íbamos a responder de esta manera!

Imagen: Matías Pozzi / La Página Millonaria.


Últimos videos

Comentarios


Agreganos a favoritos Cerrar
Agreganos a favoritos Cerrar