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La segunda juventud del jugador profesional

La segunda juventud del jugador profesional
19/08/10VARIOS

La segunda juventud del jugador profesional

POR PABLO DESIMONE

¿Existe una segunda juventud del jugador profesional? La de aquéllos que parecen estar preparando su retiro y cada día juegan mejor. ¿O hay falta de talentos en las divisiones menores? La respuesta no es lineal e invita al debate. La realidad es que hay cantidad de jugadores “espejos” para las nuevas generaciones que pueden disfrutar la alta competencia con aquéllos que vienen surgiendo, resultando cada vez más imprescindibles en sus equipos.

Almeyda parece más completo que cuando le tocó ser el 5 de la Selección. Ortega y su genio se tornan irreemplazables. En Estudiantes, Verón viene resucitando a los Pincharratas. “Caldera”, en el “Bicho”, asumió un liderazgo fundamental para el Argentinos campeón de Borghi. Así también Palermo, el Bichi Fuertes, Matute Morales y el flaco Schiavi, entre otros, y ni hablar de Cambiasso y Zanetti; aunque estos últimos jueguen en el exterior, resultaron fundamentales para el último campeón de la Champions: el Inter de Milán. Antes, en el River de Passarella, fue fundamental Ramón Díaz y  Enzo condujo a ganar la segunda Libertadores. En Independiente, Bochini jugó hasta que no tuvo más ganas. El Beto Acosta se hartó de salir goleador de San Lorenzo y así millones de casos.

¿Es la confirmación de una generación de futbolistas que está a punto de jubilarse y su propia calidad los mantiene vigentes? ¿O es la magra materia prima de los últimos años que no ocupa los lugares que deberían ocupar? A nadie se le escapa que la Argentina tuvo un agujero negro por donde se les fugaron promesas muy jóvenes de grandes jugadores. Esa exacción no siempre pagó rápidamente con la transformación de los “proyectos de cracks” transformados en “genuinos cracks”. Salvo Messi, la excepción que confirma la regla, muchos otros retardaron su maduración por falta de continuidad, desadaptación, idas y vueltas de un club a otro.

No todos respondieron al desafío del adelantamiento del reloj biológico como sus mecenas hubieran deseado y la experiencia señala que el jugador alcanza su techo de producción alrededor de los 25 años. Zárate, Lavezzi, Valeri, el “Toto” Salvio y Juan Pablo Carrizo padecieron y sufren las urgencias inmediatas del “resultadismo”.
Tanto es así que los menos, como el caso del arquero de River, optan por regresar a su club de origen para terminar de afianzarse definitivamente. Otros, en cambio, prefieren resistir y quedarse, aún a riesgo de desvalorizarse por no jugar. Aquí mientras tanto quedan lugares vacantes difíciles de llenar. No todos los días surge un  Aimar o un D´Alessandro.

Los técnicos reclaman a sus asesores que hurguen bajo tierra si es necesario para encontrar un pibe que la rompa. Hoy  parece inevitable no tener que recurrir a los Ortega o Almeyda –como antes Gallardo-. ¿Se han bañado todos ellos en la fuente de la eterna juventud o hay algo más? Algunas definiciones de Cappa de esta semana pusieron luz al tema: “Almeyda disfruta de jugar al fútbol. Se siente cómodo con libertad pero también asume la responsabilidad de toda su experiencia. Se siente distendido sin nada que tener que demostrar a esta altura”. Parecido a lo de Ariel: “Todo lo que perdió de velocidad lo ganó en inteligencia. Siempre está libre para recibir y anticiparse a la jugada. Algo que de joven no necesitaba, porque la gambeta lo salvaba en las situaciones más complicadas.  Hoy es más sabio. Esas son las cosas que todavía Lanzini -el posible reemplazante del domingo ante Independiente- todavía no tiene incorporadas. Si ya lo hiciera, estaríamos ante otro verdadero crack”.


Una de las conclusiones más lógicas sería entender que el jugador nunca detiene su aprendizaje. Todo lo que pierde en locomotividad lo gana en sabiduría. En cómo caminar la cancha, triangular más y correr menos con la pelota. Un concepto básico que con el tiempo se va adquiriendo: ser cada vez más solidario. Para que Alonso y Jota Jota sean figuras, Labruna tuvo que incorporar a Perfumo, Raimondo y Pedro González, tres maestros mayores de 30. ¡Si lo hizo el otro “Angelito”! ¡Maduritos “espejos” donde mirarse, pibes!


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