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Voló en Globo hasta que Laverni le pinchó la magia

Voló en Globo hasta que Laverni le pinchó la magia

Voló en Globo hasta que Laverni le pinchó la magia

POR PABLO DESIMONE

 


Al hincha de River nunca lo van a colmar las ciencias exactas. Cualquiera diría “¡Epa!, Seis puntos jugados, seis ganados, puntaje ideal”. ¿Qué te pasa? Eso corre solo para los adictos a la calculadora. Nosotros somos algo más que eso. Hilamos más fino. Queremos más. Ejemplificando, quizá podríamos aceptar el diagnóstico de un especialista en trastornos de ansiedad sobre lo ocurrido ayer en Patricios: Paciente de conducta bipolar, en franca recuperación de la autoestima. O lade un artista plástico, remarcando los claroscuros de la obra. Sin embargo, el espíritu crítico de hincha de River -ese “maldito” y “bendito” paladar- nos pide más. Somos los que soñamos con un  futbol con letra y música de fondo de Ferrer y de Piazzola. Y si bien ayer se vieron contundentes progresos en la primera etapa, aún faltan ensayos, mucho más guión y partitura para que Cappa (y sus dirigidos) pueda tener algún día el reconocimiento inmenso que le tributó la gente del Globo. Se vio una bandera exquisita: ¡El futbol no es únicamente ganar!


River tuvo la personalidad de aquellos equipos que se animan a volar, mientras pajarereó Ariel en todo su dimensión. Cuando se le cerró la jaula- antes de la inexplicable expulsión de Laverni- y con Ortega obligadamente abriendo sus alas para defender, allí, ya se había bajado el nivel. Igual, el equipo  nunca llegó a pasar de la euforia a la depresión. Correcto el criterio médico. Fue un tiempo corto de champagne y otro de vinito de obra. De aquél equipo “niño” que nunca se soltó frente a Tigre pasó a dejar el andador, subirse a la bicicleta, las fiestas de quince y el despunte de una rebeldía adolescente que augura fiesta popular.


Todo esto sostenido  por esa “hinchada padre” desde afuera, que no paró nunca de alentar, y por los viejos sabios de la tribu. Con la presencia en el arco que impone el  apellido ecuménico  de Juan Pablo. Con “Franz” Matías Almeyda para recuperar y jugar tan limpio como lo podría hacer Bolatti. Y Ariel como eje y conductor de la mayoría de los ataques. Sumando pisadas, frenos y tres o cuatro cambios de frente portadores de luz. Hubo viaje en globo durante todo ese lapso, porque además Affranchino rompió por derecha en esa sociedad tan profunda que arma con Ferrari y a veces con Funes Mori, intercambiando posiciones como en la jugada del gol. Dieguito, bajo y todo, metió un par de toques sutiles que pusieron al equipo muy cerca del segundo.


En la etapa final arranco como un  “pibe” mal dormido, peligrosamente relajado, hasta que empezó a crecer un River “maduro”. Con uno menos se pinchó el vuelo y hubo que acudir a los paracaídas. River le puso coraje a la tarde, no se desarmó y nunca se le cayeron los anillos. El riesgo de caer en “abismos de ensueños” aún en desventaja siempre nos puede dar un ataque de hígado. Todos somos concientes de lo que se juega cada domingo. Vamos de final en final. Y los ladrillos del buen juego se cementan con resultados positivos cuando las prioridades así lo indican, aún resignando nuestra devoción por esos finales de  música ciudadana.


Maidana fue una muralla, Almeyda se puso el traje de Mostaza Merlo, entró el peruano Ballón de la raza de Pachacutec y para sumar su lanza incaica. Esta vez no se pudo defender con la pelota. Lanzini hubiera sido una alternativa si el Burro salía por cansancio y no por una infracción que nadie vio.


Párrafo aparte para Laverni. Confieso, que estábamos defendiendo a puro aliento la victoria parcial cuando sucedió la jugada. Y nadie vio nada. Como Ortega no protestó, cerramos la cola. Anoche, volví a ver la jugada una y cien veces. ¡No hubo ni mancha! Este es el cuestionado Laverni por su vieja xenofobia (denunciado por Ulloa, el presidente de Gimnasia de Jujuy) que ayer inventó un codazo de Ortega y lo dejó fuera del clásico contra Independiente. Laverni, esos traumas racistas no nos pertenecen.


Bien River, y una última reflexión. ¿Cappa fue segundo en Huracán? No es lo que pareció. En fin, a afinar los instrumentos, que aunque falte el primer bandoneonista, el domingo contra el Rojo, la orquesta puede sonar a pleno.


Imagen: La Página Millonaria.


 


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