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El Burrito mantiene la ilusión de todo River

El Burrito mantiene la ilusión de todo River

El Burrito mantiene la ilusión de todo River

POR ALOPEZ

El equipo de Cappa tuvo una tarde de alegría cuando parecía que el inicio del Torneo Apertura resembraría aquella preocupación que generó el juego de La Banda durante los últimos tiempos. Una preocupación bien alejada de todo el optimismo y la expectativa que contagió el hincha de River en la previa al debut, agotando el stock de venta de la nueva camiseta, abalanzándose contra las boleterías y asociándose al club de Núñez como hacía tiempo no ocurría.


A tal punto llegó el entusiasmo del hincha millonario, que el partido se tuvo que retrasar 20 minutos para que las 60 mil personas que colmaron el Monumental pudieran ingresar al estadio. Una locura descomunal que no encuentra límites, que se supera a cada torneo, pero que con el andar del partido frente a Tigre se fue diluyendo. La demostración de un River poco punzante, sin rumbo definido y -por momentos- a la suerte de la efectividad del rival, provocaron que el clima de fiesta tomara cierto tinte de preocupación.


En especial porque los conductores de La Banda, Ortega y Buonanotte, chocaban frente a la defensa rival cada vez que la encaraban. Encima, del otro lado, Tigre se agrupó con dos líneas de cuatro para dejar de ser aquél equipo vertiginoso e incontrolable que supo ser con Diego Cagna, para volver a sus raíces de equipo chico, mezquino y mañoso (pegando y haciendo tiempo hasta el hartazgo) que volvió a ser con Caruso Lombardi.


Entonces parecía que hasta ahí llegaría la fiesta. Que todo el entusiasmo de la gente de River quedaría otra vez -como tantas veces- desubicado. Pero en el último minuto del partido apareció ese ídolo eternamente vigente, capaz de sortear las paradas bravas que sólo los distintos pueden sortear y de golpear la mediocridad del rival demostrándole las consecuencias de ser tan chico.


A los 45, Carrizo metió un bochazo de 50 metros en el campo de Tigre, el Burrito le punteó la pelota al primer marcador central del conjunto de Victoria y asistió al exasperante Funes Mori para que definiera solo y libre ante un Islas vencido. Gol, triunfo y locura, que se contagió desde el campo hacia las tribunas. Sí, porque los jugadores -encabezados por Almeyda y Ortega- se desataron tanto o más que la gente. No era para menos, fue un partido chivo y ante un rival ineludible en la pelea de abajo. Pero también se trató de ese primer paso que alimenta aún más la ilusión de todo River. La ilusión de volver a ser River.


 


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Imagen: Fotobaires.


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