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El Muñeco de la paz

El Muñeco de la paz
04/11/17OPINIÓN

El Muñeco de la paz

POR NADIR GHAZAL

Cuando era chiquito y no me podía dormir porque me dolía algo o estaba triste por alguna cosa, siempre salía corriendo a buscar a mi vieja. Ella tenía una receta bastante efectiva. Me pedía que me acueste, se sentaba en el borde de mi cama, resumía perfectamente en dos o tres frases lo que yo necesitaba escuchar en ese momento, y después me acariciaba la frente mientras se ponía a rezarme susurrando para que ne sintiera protegido. Hasta que mágicamente pasaban segundos y me dormía bajo los efectos de un bienestar inimaginable 20 minutos atrás. Una heroína única que me ayudó y me ayuda siempre de alguna u otra manera a encontrar la paz.

Ése lugar de mi vida en lo que respecta al fútbol lo ocupa Gallardo. Muchos otros también, pero éste en un nivel supremo. Miles de veces el Muñe nos enseñó y emocionó con sus pensamientos, pero este viernes brindó sin dudas su mejor conferencia desde que es entrenador, y probablemente la mejor que yo haya escuchado en mi vida como espectador. Por el momento sensible que se vive en el ambiente, y por lo que significó la eliminación copera.

Primero, porque tuvo la impronta para contextualizar la derrota. Infinitas veces los que nos apasionamos por la pelota llevamos la gravedad de los hechos a términos de vida o muerte, y nos olvidamos de las situaciones que realmente son de dolor extremo e interminable. Se me erizó la piel de pies a cabeza en el momento que el Muñe citó el fallecimiento de su madre, y todo lo que significó para él afrontar esas horas terribles mientras debía preparar al equipo para ganar un clásico copero. Y ahí se hizo un silencio de esos que dicen todo. Porque Gallardo cuando habla lo hace como líder, como DT, en algunas respuestas con el pensamiento pasional y las palabras justas de lo que sentimos los hinchas, en otras con la sabiduría de un filósofo, pero por sobre todas las cosas lo que lo hace tan especial es que también sabe declarar como un maestro de la vida. Es un guía espiritual que maneja todo tipo de situaciones frente a un micrófono, igual que cuando jugaba con la pelota en los pies.

Segundo, porque lo primero que hizo fue no desligarse de la autocrítica para explicar la catástrofe en Lanús, asumiendo que el equipo "bajó la guardia" y por eso también contribuyó a la reacción del rival. Y la remató con un "Nos dieron una cátedra de justicia y transparencia, y ahora no pueden ni explicarlo", cuando tuvo que tocar un tema tan sensible como el de la evidente estafa que hubo en nuestra contra. Utilizó el maravilloso concepto de "circo arbitral", se manejó con absoluta altura y grandeza, y no se guardó ni el más mínimo concepto, dejando muy clara su convicción de que hubo algo raro. Un verdadero cirujano del habla. La bronca máxima quizás nos quedará en el hecho de saber qué hubiese pasado con esos siete árbitros si River no contribuía defensivamente a la derrota, aunque por lo que vimos de los jueces tengo la sensación que hubiesen buscado una manera aún más sucia de dejarnos afuera.

Y tercero, porque con las palabras "hidalguía" y "coraje" encontró la descripción perfecta para lo que será afrontar el clásico del domingo. Un partido donde una victoria no cerrará para nada la herida del martes, pero que sí nos "aliviará un poco el alma", como expresó nuestro General Marcelo. Los riesgos emocionales son altos, porque otro traspié convertiría a esta semana como la peor en muchos años, pero también es cierto que para cualquier jugador no existe una revancha mejor que poder ganarle a boca. Es la motivación suprema por excelencia, y es algo que en este momento necesitamos todos los que llevamos a River en la piel.

La impotencia hoy es gigante, y el nudo en la garganta por quedarnos sin el sueño de la Libertadores se quedará a vivir un tiempito más. Ojalá que este tremendo golpe deportivo no sea el factor desencadenante a fin de año de su salida del "lugar más lindo del mundo y que me hace más feliz", tal como manifestó él mismo en otra frase para tatuaje que nos dejó hoy en el recuerdo. Porque lo único que tengo muy en claro en medio de toda esta nebulosa de sensaciones es que cualquier proyecto futbolístico de River caminará mejor con la mente de Gallardo al mando. Ayer, hoy, mañana, el año que viene, dentro de 6 décadas, y siempre. Te amo, Muñeco de la paz.

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