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Algo habrá hecho

Algo habrá hecho

Algo habrá hecho

POR ALOPEZ


Simeone se llevó una despedida emotiva de todo River. Los hinchas lo ovacionaron y los jugadores le dedicaron el empate de un partido que perdían 3-0. Además, hubo banderas rogándole que se quedara y, sobre el final, un sin fin de aplausos para un técnico tan apasionado como laburador.

En apenas once meses como técnico de River, Diego Simeone vivió lo que pocos sentados en esa silla eléctrica que tiene el club de Núñez por banco de suplentes. Y cómo habrán sido de tortuosos cada uno de esos cimbronazos, que ni siquiera hace falta esforzar la memoria para recordarlos.

Con apenas cinco meses en el cargo, tuvo que tomar una decisión que nadie en todo el Mundo River se animó a tomar: separó del equipo al último gran ídolo millonario, con todo lo que esa decisión implicaba en la gente, para preservar al grupo y al ídolo mismo. Hizo oídos sordos a los intereses económicos-dirigenciales, que en algún momento pregonaron por los pergaminos extranjeros de Alexis Sánchez y Robert Flores, entre otros, para poner en la cancha a quienes realmente lo merecían. No por cartel, sino porque al llegar juró que no negociaría el esfuerzo. Y cumplió.

Padeció dos eliminaciones coperas increíbles, de esas que seguramente no se repetirán en cientos de años, frente a San Lorenzo en el Monumental y ante las Chivas en Guadalajara. Además, con Ahumada le tocó sobrevolar una tormenta que le era ajena y que lo pudo golpear de lleno por entrometerse, por no ser un hombre del club y no entender lo que las declaraciones del volante generaron en el hincha. Pero aún así se plantó y bancó a capa y espada a un jugador que adentro de la cancha rendía.

Estuvo al frente de un grupo que se coronó campeón tras cuatro años de sequía y cuatro meses después penó por el fondo de la tabla. Tuvo que dirigir al equipo que se galardonó como el peor de toda la historia del club, batiendo el récord de fechas consecutivas sin victorias. Y como si todo eso fuera poco, también le tocó sufrir la idiosincrasia del hincha de fútbol argentino, que se aprovechó de la exposición que River acarrea para inmiscuirse y mofarse de temas ligados a su vida privada.

Todo eso vivió Simeone en sólo once meses. Demasiado. Pero lo que ocurrió ayer en el Monumental debe servirle de consuelo: es que aún después de tanto sufrir la adversidad, puede dar fe de que es el único técnico de River que estando en una situación como esta (último en el torneo y al frente de una racha negativa histórica) se va despedido con una ovación por parte de todo Núñez. Los hinchas despidiéndolo con aplausos, los jugadores regalándole un esfuerzo anecdótico y los dirigentes prestos a renovarle el contrato sin pensarlo… No son muchos los que lograron semejante reconocimiento, sin dudas, él algo habrá hecho.

Foto: Fotobaires.


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