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Sentir el Superclásico

Sentir el Superclásico

Sentir el Superclásico

POR JGARCIA

“El Superclásico es un partido aparte”, cliché más que utilizado para justificar derrotas en tiempos de bonanza o para darse ánimo, cuando se llega torcido. Pero es totalmente verdadero. River está 18º en el campeonato, Boca está a ocho del líder y encima, abrió una sucursal del Moulin Rouge (famosísimo cabaret parisino) en Casa Amarilla. Sin embargo, vos, hincha de River, no podes dejar de pensar ni un segundo en el Súper, ¿no es cierto? Es que el Superclásico va más allá de todo. Es el primer partido que buscás cuando se da a conocer el fixture, es el partido de las promesas, el del goce eterno o el de la bronca persistente y duradera. Es tener enfrente a tu peor rival, ese al que le cantas las 18 fechas restantes. Son los 90 minutos que todo hincha de River espera, parafraseando al Cholo, con el cuchillo entre los dientes.

El River-Boca (siempre primero se nombra al “Millo”, se juegue o no en Núñez) es único. Los hinchas de los demás equipos jamás podrán entenderlo. Va a ser el primero en muchos años en que ninguno de los dos se juegue más que el placer de vencer al rival de toda la vida, sin embargo, y contrario a toda lógica, da más ganas de jugarlo. Es que el Súper no está concebido a base de lógica, más bien todo lo contrario. Es un partido que se vive con las pulsaciones a mil, con los sentidos a flor de piel, el que te hace volver a tu casa cansado como si lo hubieses jugado. Es “el” partido. El único que el hincha de River se permite ganar como sea y cueste lo que cueste. Después de todo, a la hora de ganarle a Boca, ¿importa el cómo?

“¿Porque tiene que jugar la Selección este domingo y la p… que lo parió?”. Ese debe ser el pensamiento de muchos hinchas millonarios. Esta doble fecha eliminatoria no hizo más que alargar los tiempos y aumentar la ansiedad. Pero no importa, esta semana de más será aprovechada para planear la fiesta en el Monumental, porque el Superclásico es también el momento donde se pone de manifiesto la capacidad de una hinchada para arruinar a la otra. Últimamente, la "fiesta" de  Boca cada vez que viene a Núñez se reduce a un muestrario de pañuelos (léase trapitos de La 12), contra la innegable fiesta millonaria de cada River-Boca.

Faltan diez interminables días. La pasión, hasta ese entonces, esta enjaulada esperando a ser liberada. Ya llega, ya se siente. El Súper está a la vuelta de la esquina. Son los 90 minutos más cortos del mundo, los que no queremos que se terminen nunca. Eso es el Superclásico, el partido que dura 90 minutos, pero se juega todos los días en cada esquina, en cada chicana, en cada aula, en cada oficina y en los medios. Los días se suceden con una parsimonia alarmante, el domingo no llega más, pero cuando llega el fútbol nos demuestra por qué este es el deporte más lindo del mundo y por qué el River-Boca es el espectáculo que nadie debe dejar de ver antes de morir. Si alguien duda de ello, que el domingo 19 se de una vuelta por Núñez.

Foto: Riverplate.com


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