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Otra mala actuación en el clásico de los errores

Otra mala actuación en el clásico de los errores

Otra mala actuación en el clásico de los errores

POR ALOPEZ


El equipo de Simeone tuvo horrores defensivos que le valieron tres goles a Ojeda. Y sólo la fragilidad de Racing, que no anda mucho mejor que River, le permitió rescatar al menos un empate. Así, La Banda sólo se predispone a esperar el desenlace del Apertura mientras naufraga entre las últimas posiciones del torneo.
 
Creer o reventar, pero este River no sólo que no le ganó a Racing, sino que hasta hizo méritos como para perder ante el conjunto de Avellaneda. Esta tarde lluviosa en el Monumental, el equipo de Diego Simeone demostró estar viviendo un temporal de incertidumbre, en el que no sabe hacia dónde va ni tampoco hacia dónde tiene que ir. Por eso, ni siquiera sorprendió que el conjunto de Chocho Llop haya estado cerca de la hazaña.

Sobretodo porque las falencias de La Banda son harto conocidas, se reiteran fecha a fecha e invitan a que cualquier rival se agrande. De hecho, los tres goles de Racing estuvieron directamente ligados a horrores defensivos del equipo millonario, que estimulaban a la visita a ir por más. En el primero tanto, Quiroga innova en el arte de despejar centros mediante la chilena; en el segundo, Villagra marca a González parado tres metros por delante del volante visitante; y en el tercero, Maxi Moralez se dio el lujo por primera vez en su carrera de ganar una pelota de cabeza en pleno área y ante la marca de dos impávidos adversarios.

Increíble, demasiado por tratarse de un flamante campeón. Principalmente, porque este traspié ante Racing se debió a desajustes relacionados con la distracción más que con la falta de capacidad. ¿Acaso Quiroga no tiene la suficiente experiencia como para presagiar que una chilena en contra de Ojeda y en dirección a su arco probablemente termine en gol? De todas formas, Simeone debe agradecer que enfrente estuvo la siempre condenada Academia, sino se estaría hablando de una derrota por goleada.

Es que River no hizo méritos como para merecer el empate, porque Racing, aunque levemente, fue superior y generó más llegadas que el millonario. Pero claro, el conjunto de Llop está en sintonía con el presente riverplatense y tiene a un Martínez Gullota rebotero, a un Cáceres que tira la pelota a afuera cuando nadie lo presiona, etc. Entonces el empate por un marcador tan abultado se hizo inevitable. De tal forma, que se podría decir que el clásico fue tan entretenido como dramático, aunque no tanto por las virtudes de los equipos, sino más bien por sus defectos.


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