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Este es el famoso River

Este es el famoso River

Este es el famoso River

POR ALOPEZ


La gente volvió a copar populares y plateas para acompañar al millonario en el siempre incómodo Viaducto. Y pese a que el equipo no contagia, los hinchas de River alentaron los noventa minutos. A tal punto, que los de Arsenal no se hicieron notar ni siquiera en los goles.
 
Sarandí queda tan cerca como lejos. Llegar a esta localidad que pertenece al partido de Avellaneda no amerita grandes esfuerzos, es accesible para los que se mueven en auto, tren o colectivo. Pero visitar la cancha de Arsenal en sí es una misión sumamente incómoda en todos sus aspectos. Es que el estadio, si es que se lo puede llamar de esa manera, de este equipo del ascenso que incursiona en Primera temporalmente por obra y gracia de vaya uno a saber quién y que casualmente fue bautizado con el nombre de Julio Humberto Grondona, no está preparado para recibir grandes cantidades de público.

Ello queda en evidencia cada vez que debe albergar a la parcialidad millonaria. Las calles de acceso resultan angostas para un caudal de nueve mil hinchas visitantes que ingresan y egresan casi en simultáneo. Pero además, el entorno y la escasa iluminación con la que cuenta el barrio lindante hacen de la desconcentración un caos total, que incluye a la gente caminando entre los autos a lo largo de cuadras y cuadras.

Sin embargo, esto para el hincha de River ya no es más que una costumbre. Si bien El Viaducto se inauguró en 2004, la realidad es que los simpatizantes riverplatenses están acostumbrados a seguir a La Banda por estadios que no se asemejan ni por cerca a lo que es el Monumental. Aún así, los hinchas millonarios siempre están, como también estuvieron esta tarde en Sarandí. A allí llegaron con la misma actitud con la que el semestre pasado iban a ver al equipo campeón de Simeone.

Los bombos latieron desde una hora antes de que comenzara el encuentro, los alambrados quedaron abarrotados de banderas, y -como siempre- una multitud copó populares y plateas por igual. Desde esos lugares surgió el aliento incesante para un equipo que desde el campo de juego no trasmitió absolutamente nada. Pero pese a ello, la gente de River mantuvo estoica su cuota de apoyo a los dirigidos por el Cholo y hasta les regaló un aplauso final que en realidad mereció partir desde el verde césped hacia las tribunas. Y sí, fue demasiado aguante para tan poca entrega.


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