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Un conflicto y su principal perjudicado

Un conflicto y su principal perjudicado

Un conflicto y su principal perjudicado

POR ALOPEZ


¿Cuánto más resistirá la tela de araña sobre la cual se balancean estos dos elefantes del Mundo River? Imposible saberlo, aunque difícilmente resista mucho más. Es que el fino hilo del que pende hoy la relación entre Ariel Ortega y Diego Simeone tiende a desgastarse con cada entrenamiento, concentración y partido que comparten ídolo y director técnico. Lo que es seguro es que el día en que finalmente se quiebre, el chicotazo azotará con fuerza, especialmente al club de Núñez.

La recaída de Ortega tras la lesión que sufrió frente a Racing, por la sexta fecha del Clausura, marcó el comienzo de lo que se prevé que tendrá un final inmediato. Hasta allí, el entrenador y el capitán del equipo trabajaron palmo a palmo, uno dirigiendo al plantel y el otro conduciendo al equipo dentro del campo. Pero en ese momento, el Cholo entendió que el Burrito no sólo negoció aquel innegociable esfuerzo que pregona el entrenador, sino que además se deslindó de toda esa responsabilidad que le cabe por ídolo y referente. Entonces a partir de ahí ya no hubo vuelta atrás.

Pero la eliminación de la Copa, las decisivas actuaciones de Ortega en el plano local y el pedido de los hinchas doblegaron a Simeone, quien -tras reunirse con el jujeño- tuvo que omitir broncas y devolverle la titularidad al ídolo. Todo, claro, por el tan afanado objetivo en común: el campeonato. Ese mismo que River terminó por conseguir nada menos que gracias al Burrito. Por lo que no hubo malestar por parte del cuerpo técnico o de algunos jugadores que pudiera opacar la importancia de Ariel en el nuevo campeón.

Sin embargo, apenas tres días después de dar la vuelta olímpica, Ortega volvió a caer, demostrando que su enfermedad no conoce de estados anímicos ni respeta contextos. Hay que tratarlo, como a cualquiera que atraviesa por esa misma circunstancia y quedó evidenciado que en River no saben cómo ayudarlo. Entonces hace bien Simeone en creer que a los dirigentes se les está escapando la situación de las manos, sobretodo cuando la respuesta de Aguilar ante el problema es una renovación de contrato hasta el 2011 para el jugador.

No se entiende hacia dónde apuntó el presidente con esa decisión, si quiso respaldar a Ortega o dejarle en claro al técnico que no habrá faltazo que madure la salida del ídolo del plantel. Cualquiera sea el caso, Aguilar debería entender que la recuperación del Burrito va mucho más allá de su continuidad en el club y que Simeone respeta la trayectoria de un gran jugador como Ariel, pero no arriesgará su pellejo por una causa que le es ajena. Por lo que algún día, seguramente no muy lejano, ese fino hilo de tolerancia que hoy mantiene cierta calma acabará por romperse. Ese día, sin dudas, el mayor perjudicado será River.


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