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La esperanza viene en frasco chico

La esperanza viene en frasco chico

La esperanza viene en frasco chico

POR JGARCIA


Este River es carne de diván. Desde el Clausura 2004 que no llega a tres fechas del final como líder de un torneo. Pero así y todo tiene muchísimos problemas. No supera a Racing sólo porque la Academia es única en su especie, porque sino…

Lo concreto es que River es un manojo de nervios. El equipo violeta jamás pudo serenarse, no al menos hasta el gol de la victoria, y así no se puede -ni se debe- jugar. Ante las acusaciones cruzadas entre  hinchas-jugadores, la gente respondió poblando el estadio y alentando al equipo, aunque también la hinchada le cayó encima a Carrizo y a Abreu, quien tuvo un partido para el olvido. Dentro de ese contexto, el “Enano” Buonanotte fue el mejorcito, por ganas, por empuje y por responsabilidad. El número 30 del equipo de Simeone fue la carta que tuvo River para lastimar a Huracán en un primer tiempo malo e improductivo.

En el segundo, Buonanotte creció futbolísticamente y esto se debió al ingreso de Ariel Ortega, el jugador-emblema de este equipo. Aunque muchos duden de su capacidad para, con su enfermedad a cuestas, jugar bien a la pelota. El “Burrito” se empeña, partido tras partido, por demostrar que su enfermedad no es impedimento para que siga haciendo de las suyas. Pero Ariel no es aquél gurrumín de 17 años que jugaba con las medias bajas e iba para adelante como loco. No, Ariel ahora es el “Burro” y es el símbolo de River. El  que mejor entiende a River. El que logra interpretar la sensación térmica del Monumental.

Pero Ortega, debido a que los años han hecho mella en su físico, ya no actúa solo, tiene un cómplice, un co-conductor con licencia clase B: El “Enano” Diego Buonanotte. Ortega decide, Buonanotte ejecuta. Para muestra sirve el gol del otro día, apilada del ídolo, pase al “Enano” y definición cruzada del oriundo de Teodelina. Hasta que Ortega no entró en cancha, Buonanotte no estuvo cómodo. Es cierto que desde aquél chico de juveniles 14 años que aparecía en los carteles de Adidas, a este que ahora aparece en los carteles por lo hecho adentro de la cancha, ha habido un cambio importante. Fuera del aura de idolatría que envuelve a Ariel, Diego es el jugador con más posibilidad de ser idolatrado en el corto tiempo, porque juega, intenta, gambetea, entiende lo que es River, es del club y además hace goles. Es la bandera de River cuando Ariel espera en el banco y  demuestra que es capaz de llevar a River a ganar un partido, pero es innegable la tarea se le simplifica muchísimo más cuando lo tiene a Ortega en la cancha, porque el peso sobre sus hombros se aliviana.


El primer ejemplo fue en el Súper de Octubre del año pasado, cuando la sociedad Burro-Enano demolió a Boca en el “Día del caño”. Después, con los problemas de Ortega ya conocidos, la sociedad se disolvió un poco. Ahora, con un “Enano” en crecimiento y un Ortega que cuando entra demuestra lo que vale, River ganó una sociedad importantísima de cara a la conquista de un nuevo título. Porque ambos se buscan, se llaman, se convocan y, lo realmente bueno de todo esto, es que se encuentran. Desde sus pies y sus mentes River edifica todo lo bueno que hace en materia futbolística. Si, Buonanotte puede hacerlo sólo, pero le cuesta muchísimo más. Con Ariel en cancha, Diego se luce y viceversa. De la mano (de los pies mejor dicho) de ellos dos River intenta rumbear hacía su estrella número 33.


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