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Ortega habló en la cancha y River todavía sueña

Ortega habló en la cancha y River todavía sueña

Ortega habló en la cancha y River todavía sueña

POR ALOPEZ


Como contra Gimnasia, el Burrito entró en el segundo tiempo, le cambió la cara al equipo y lo llevó de la mano hasta la cima del Clausura. Fue un angustiante 1-0 ante Huracán, que estuvo cerca de arrasar con Núñez hasta que se topó con el último gran ídolo millonario.

Mientras algunos de sus compañeros son figuras de la línea de cal para afuera, Ariel Ortega volvió a demostrar en la cancha por qué no puede faltar en el equipo titular. El jujeño entró en el segundo tiempo de un partido que pintaba para despedida del campeonato, pero -una vez más- se puso al equipo al hombro y terminó como protagonista exclusivo de una victoria que le permite seguir soñando a todo River.

Después de un primer tiempo en el que Huracán pudo dejar en llamas al Monumental, porque River jugadores y River cuerpo técnico siguen sin entender a qué deben jugar, Simeone se decidió a sacar la carta salvadora que fecha a fecha esconde en el banco de suplentes. Esa misma que, ante el Globo de Parque Patricios, le aseguraría un triunfo o al menos lo libraría de quedar marcado como aquél que fue al muere guardándose al mejor de sus soldados. Como le ocurrió ante San Lorenzo por el partido de vuelta de la Libertadores.

Entonces, Ortega volvió del entretiempo directamente como titular, en lugar de ¡Nico Domingo! ¿Y el mediocampo, Cholo? Poco importó. River salió a jugar la segunda mitad con Ortega más diez, que se desparramaron por el terreno como pudieron, por donde cupieron. Total, con Ortega era suficiente. Y así fue, porque el Burrito generó todo el fútbol que La Banda no tuvo en la etapa inicial, aportó ideas para quebrar a un rival que defendió con dos líneas de cuatro, y generó y asistió el gol del triunfo. Mientras otros de sus compañeros se escondieron detrás de los defensores de Huracán para no tener que soportar la presión del murmullo ante cada pelota perdida.

Es que hablar en el vestuario, arreglar los premios, pararse ante la prensa, rotularse como referente o invitar a pelear a los hinchas que están detrás del alambrado es fanfarroneada de muchos, pero hacerse cargo del equipo en las malas es cosa de algunos pocos. Y en River, hoy por hoy, sólo es cosa de uno, que tiene nombre y apellido, historia, espalda y chapa de sobra. Tanta que le alcanza con jugar apenas 45 minutos para seguir alimentando la esperanza de los hinchas y la ilusión del campeonato.


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