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Qué hubiese pasado si...

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Qué hubiese pasado si...

POR JGARCIA

El “qué hubiese pasado si…”, es estéril cuando de fútbol se habla, porque las cosas no se pueden cambiar, ni para bien ni para mal. Son inamovibles. Los partidos que terminan, terminados quedan y lo que se dice en la semana, dicho queda. Ahora, el “qué hubiese pasado si… Oscar Ahumada no abría la boca”, es inevitable. Porque Ahumada, con la camiseta de River puesta, en las últimas presentaciones se perfiló como el líder futbolístico que se necesita, pero sus dichos (totalmente desafortunados) metieron todos sus ahorros de idolatría en el corralito. Ahora, pese a ser el mejor de River ayer -y uno de los mejores el domingo pasado-, tendrá que remarla -y mucho- para volver a tener el consenso generalizado del que estaría gozando si no hubiera dicho “lo que sentía”.


Pero todas las cosas tienen su mitad buena. En este caso que Ahumada pudo asimilar y transformar en entrega la avalancha de insultos que nacieron en la popular millonaria. Porque el “Ahumada hijo de p…, la p… que te parió” tronó muy fuerte en la tarde de Avellaneda. Además, también hubo banderas agresivas para con el volante (también Juan Pablo Carrizo ligó su parte). Sin embargo, Oscar tardó 30 segundos en demostrar que los insultos, lejos de sacarlo de partido, lo agigantaron. Le fue a pelear una pelota a Fredes en la puerta del área grande de River y se la sacó. ¿En la tribuna? Silencio. Pero Ahumada comenzaba a hablar… en la cancha.

Con el correr de los minutos, Oscar fue el “león” que suele ser en la mitad de la cancha. Trabó con todos, dejó maltrecho a Mareque cuando fue a pelear una pelota y también le hizo sentir el rigor a Pusineri. No conforme con eso, casi que no falló en la entrega (hasta metió dos lindos cambios de frente) y fue el termómetro de River. A tal punto que cuando la lesión lo venció y tuvo que salir recibiendo aplausos por parte de la platea e indiferencia de la popular, River lo sintió. Ahí creció el “Rojo” y si Sosa hubiese estado más fino, quizás hasta lo ganaba.

Lo realmente elogiable del zarateño es que en un partido donde cualquiera estaría al borde de un ataque de nervios, Ahumada copó la parada y fue el sostén de River cuando el equipo “millonario” dominó el  juego, aunque sin claridad. Contrario por ejemplo a Carrizo, quien el sábado salió a arreglar lo que había dicho y la gente, aún así, le sigue recordando lo que dijo, conclusión: Carrizo, por primera vez, estuvo muy nervioso. Cometió un penal,  falló en dos pelotas cruzadas y hasta sacó muy mal del arco. Eso sí, no se privó de hacer jueguito ante un rival asustando a los hinchas “millonarios”.

Ahumada se fue lesionado, ¿estará el sábado ante Huracán? Ojalá. Porque River lo necesita, quedó demostrado en los últimos dos partidos. Ahora, cuando se vienen etapas de definiciones, River necesitará 11 Ahumadas, con el corazón caliente y con la entrega enorme que mostró el volante central.  Eso sí, River necesita 11 Ahumadas dentro del campo de juego, fuera del verde césped, con uno basta y sobra.


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