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No se puede vivir del error

No se puede vivir del error

No se puede vivir del error

POR ALOPEZ


River controló la pelota en Avellaneda pero no supo qué hacer con ella. Sólo aspiró a esperar que Independiente se equivocara y lo terminó pagando caro. Perdió la punta del campeonato a sólo cuatro fechas del final del Clausura.

River viene a contramano, no es novedad, pero en la cancha de Racing agigantó su falta de identidad a la hora de generar peligro, al momento de pinchar al rival en los últimos metros del terreno. Justamente, el equipo de Diego Simeone falló en un aspecto en el que históricamente el club de Núñez se mostró solvente, eficaz, idóneo. No por nada es el equipo más goleador en la historia del fútbol argentino. Pero las estadísticas no entran al campo de juego, y el Rojo esta tarde pudo dar fe de ello.

River controló la pelota durante gran parte del primer tiempo y tuvo el dominio absoluto del balón en el complemento, pero en ningún momento incomodó a Independiente. En la etapa inicial, La Banda no logró inquietar a Assmann, mientras que los dirigidos por el Bichi Borghi pudieron ponerse en ventaja en tres oportunidades: a los 27, en la más clara, Carrizo le tapó de milagro una pelota sobre la línea a Pusineri; después, a Montenegro y Fredes los sobró por muy poco un centro de Machín; y Mareque, sobre el final, sacó un bombazo desde afuera del área que se fue apenas por encima del travesaño.

Entonces, River se fue al entretiempo sabiéndose dominador de la pelota, pero con el sin sabor de que pudo irse al vestuario perdiendo. Y la misma historia se repitió en el segundo tiempo. Los millonarios manejaron el partido gracias al control meritorio de Ahumada en el mediocampo, pero jamás generaron una situación real de gol. Sólo se limitaron a buscar a Abreu, el hasta ahora goleador de los goles fáciles, para que éste pivoteara con Falcao adentro del área. Aunque resultó en vano, porque la defensa local estuvo atenta y River no pudo aprovechar -como en otras oportunidades- el error, la desconcentración o la ingenuidad del rival.

De hecho, la más clara de La Banda llegó a través de un tiro libre de Ortega que salió pegado al palo izquierdo de Assmann. Sólo así River pudo sembrar al menos un instante de incertidumbre. Después volvió a ser el mismo equipo chato y falto de ideas que no se animó a crear y lo terminó pagando con un empate, que pudo convertirse en derrota si el Rojo hubiera aprovechado algunos de sus contragolpes, y que en definitiva le costó mucho más que dos puntos. Le costó la punta del campeonato.


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